Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL DOMINGO 13 DE JUNIO. SEMANA XI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
Marcos   4, 26-34
COMENTARIO

Bella imagen evangélica la de la semilla. El propio Jesús se dejó la imagen de la semilla nada menos que para explicar su gran proyecto de sociedad: el Reino de Dios.

 

En este caso utiliza Jesús la imagen para comprender el “dinamismo del Reino”. En el fondo, viene a decir Jesús que su proyecto de vida, de sociedad, de persona y de sentido es un “proceso”. Cada fase de ese proceso prepara al siguiente, aunque por sí mismo tenga sentido y su entidad sea significativa. “Siembra, simiente, tallo, espiga, grano, cosecha…”; todo forma parte de un lento proceso imperceptible para una mirada acelerada pero maravilloso ante un contemplar paciente.

 

En el fondo, el propio Jesús, como buen político (en el mejor sentido de la palabra), fue un especialista en “manejar los tiempos”. Era capaz de ver la eternidad en un instante, y su vida fue una buena prueba de que para muchas personas bastó un instante ante Él para cambiar la suerte de su eternidad.

 

Cuando no entendemos nuestro proyecto de vida como un proceso y pretendemos “adueñarnos” del tiempo a nuestro antojo cometemos las barbaridades más absurdas que puedan pensarse.  Cuántas veces convertimos nuestras ideas en absolutas por miedo a evolucionar en nuestra manera de pensar; o cuántas veces detenemos nuestra edad a los dieciocho años porque nos da miedo envejecer; o cuántas veces tal afrenta nos separó de alguien y a partir de ese momento las vidas pudieron ser sólo paralelas; podríamos seguir poniendo ejemplos.

 

En cualquier caso lo que subyace a todo eso es considerar definitivo, lo que está llamada a evolucionar y a cambiar. Los fanatismos y fundamentalismos basan sus razones en esta deficiente manera de “manejar” los tiempos.

 

Hoy sería un buen día para que nos planteáramos qué aspectos de nuestra vida deberían ser “redimidos” por esta “teología del proceso” que nos enseña la dichosa “semillita”; un buen día para soñar y caer en la cuenta de que por muy escaso que en ocasiones resulte nuestro presente, hay alguien que nos advirtió que en el grano de mostaza ya se encuentra el arbusto frondoso capaz de albergar tanta vida. 

 

No hay encina sin bellota, y aunque la bellota contenga en sí tal potencia, siempre necesitará de la intemperie, a veces incomoda, del tiempo, para lucir su elegancia.

 

EVANGELIO DEL MARTES 25 DE MAYO. SEMANA 8ª DEL TIEMPO ORDINARIO.


EVANGELIO
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»

Marcos 10, 28-31

EVANGELIO DEL 23 DE MAYO. DOMINGO DE PENTECOSTÉS.



EVANGELIO
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. »

Juan    20, 19-23

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 19 MAYO. SEMANA 7 DEL TIEMPO DE PASCUA.


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: - «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»
Juan 17, 11-19