Parroquias de Alcadozo y Liétor: EL EVANGELIO DEL 9 DE ENERO

EL EVANGELIO DEL 9 DE ENERO

LUNES DE LA SEMANA 1ª DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”. Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.



COMENTARIO
La referencia que se hace a la región de Galilea no sólo es un dato geográfico, sino también una enseñanza religiosa para las primeras comunidades cristianas que leyeron el evangelio: Galilea era, desde tiempos del profeta Isaías (siglo VII a.C.), un lugar donde convivían judíos y gentiles (paganos). Isaías la llamará «Galilea de los gentiles» en hebreo: ‘Haggalil Haggoyim’. En esta región los judíos se mezclaban con los griegos. Con este dato los evangelistas resaltan que Jesús, desde el inicio de su predicación, se dirige a los gentiles y no sólo al pueblo de Israel. El mensaje de Jesús es universal, no puede quedarse cerrado en los límites étnicos y religiosos de la raza judía.

Galilea era la región donde se interpretaba la religión judía con mayor liberalidad. Esto era debido a la fuerte influencia griega de las grandes ciudades allí existentes. La cultura judía se reducía a las zonas rurales. Los primeros discípulos, unos sencillos pescadores Se entiende por vocación la llamada que Dios hace a una persona para que realice una misión determinada. El Dios del Antiguo Testamento llamó a Moisés, Abraham, Isaías, Samuel, Jeremías... para que hicieran el bien. Jesús llama a sus discípulos con la misma autoridad que Dios.
El cristiano hace de la vida cotidiana «un templo». El cristiano es llamado por Jesús para acompañar y alentar la vida de los demás. El lugar donde desarrolla esta misión es en la vida cotidiana. Y es en este «escenario ordinario» donde debe ser testigo del mensaje de Jesús, convirtiéndose en signo de vida y salvación. Ser creyente hoy supone aprender a decir «Dios» con las palabras y sentimientos de la cultura actual. Jesús no inició su predicación al abrigo de los ortodoxos muros del templo de Jerusalén, sino en el lugar más comprometido: En Galilea, donde había una cultura compleja de contaminación, de mestizaje, de intercambio entre judíos y griegos...

Y ALGUNA CURIOSIDAD

El escenario donde se produce esta llamada es el cotidiano mundo de la pesca: Tras faenar toda la noche, las pequeñas barcas atracaban por la mañana en puerto. Parte de los peces capturados eran puestos en salazón, y otra parte se vendía de inmediato a la población cercana. En el siglo I los judíos consumía el pescado preferentemente en salazón o ahumado; técnicas aprendidas de los fenicios y egipcios. Por los datos que nos ofrece el evangelio, el padre de Santiago y Juan debía poseer no sólo una barca de pesca, sino también una pequeña industria de salazón de pescado, pues tenía jornaleros contratados a sus órdenes. Estas industrias de pecado eran florecientes en tiempos de Jesús. El pescado desecado y en salazón era vendido incluso en la ciudad de Jerusalén, donde existía «El mercado del pescado».

La pesca, junto con la abundante producción de aceite y los cereales, convertía a la región de Galilea en uno de los núcleos más prósperos. Junto a Nazareth y Cafarnaún existían ciudades importantes que oscilaban entre 30.000 y 40.000 habitantes: Sephoris, Tiberias, Julias... En estas ciudades convivía la cultura griega con la judía.

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