Parroquias de Alcadozo y Liétor: EL EVANGELIO DE HOY. MARTES, 1º DE CUARESMA

EL EVANGELIO DE HOY. MARTES, 1º DE CUARESMA


EVANGELIO
Dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno». Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas».

Mateo 6, 7-15
COMENTARIO
Es curioso que los primeros versículos del Padrenuestro están escritos en estilo impersonal: “sea”, “venga”, “hágase”. Pero cuando llega la hora de recibir, aparecemos “nosotros”: “danos”. ¿Por qué no probamos a rezar también en primera persona los versículos iniciales?:

“Que yo santifique tu nombre”. Cada día, a cada momento, con todos mis pensamientos, palabras, actitudes, relaciones,…

“Que yo haga venir tu Reino”. Siendo amable, comprensivo, .. viviendo el amor que San Pablo nos enseña, por ejemplo, en 1 Cor 13.

“Que yo haga tu voluntad en la Tierra”. Es decir, que esté atento a ella y sea dócil a tu inspiración, como lo fue María.
Podríamos seguir… ¡Qué distinto suena, qué comprometido! Si lo hiciéramos así, casi daría miedo rezar el Padrenuestro. Porque está dirigido a Dios, claro; y eso significaría comprometernos ante Él a santificar su nombre, a hacer venir su Reino, a escuchar y cumplir su voluntad… Nuestro papel activo no se limita a recibir el pan o perdonar para ser perdonados. Hay mucha más “tarea” implícita en esta oración, que la convierte en un auténtico compromiso.
Claro que no estamos solos en el empeño. Hablamos de la oración de los hijos e hijas de Dios, de los cristianos. Entre todos tenemos que hacerlo, no depende sólo de uno (lo que podría explicar que esté formulada en impersonal). Pero eso mismo nos debe llevar a ser conscientes de la responsabilidad que tenemos en la misión de todos, de la urgencia de asumir nuestra parte en la tarea diaria.