Parroquias de Alcadozo y Liétor: EL SANTO DEL 2 DE FEBRERO

EL SANTO DEL 2 DE FEBRERO


PRESENTACIÓN DE JESÚS EN EL TEMPLO
© ONDA CERO. El Santoral de Genestal

Hoy celebran su onomástica quienes tengan por santo a:
La Presentación de Jesús en el Templo, La Purificación de la Virgen María, San Aproniao, San Cornelio, San Flósculo, San Adalbado y Santa Hadeloga

Destacamos a:
Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de María

Vamos a explicar esto de la Purificación. Porque seguro que alguna vez te habrás preguntado porque las mujeres judías tenían que ir al Templo a purifcarse después del dar a luz, después del parto. Encima de dolor al parir!!!!, había que purificarse.
Tiene su explicación, ancestral y simbólica, pero al fin y al cabo una explicación.

Para la Biblia -como en general para la mentalidad religiosa natural- la "pureza" o "impureza" es algo que se relaciona con la interacción entre la esfera temporal -mundana-, en la que vive la mujer y la esfera sagrada, en la que vive Dios. Cuando una persona rompía el límite de esas esferas entraba en un terreno que no le correspondía. Es como si le conquistara a los dioses un territorio que no le pertenecía, y por tanto queda impuro.

El parto es uno de esos momentos en los que la mujer quedó en contacto con lo más sagrado de Dios, porque tocó su acto creador, y aunque es un hecho maravilloso y festivo, para muchas religiones antiguas la mujer, por endiosarse durante unos minutos emulando el acto creador Dios, tenía que pagar el precio de ese endiosamiento. Y eso era la "mística" de las purificaciones, una especie de petición de perdón por haber invadido el "umbral de los dioses". 

El judaísmo "acondicionó" esta práctica religiosa habitual con el rito-fiesta de la "purificación" en el Templo. Tenía que ir al templo, y a través de un sacrificio de animales, expiar esa intromisión en lo divino. 

Para el mundo bíblico, también la menstruación era un acontecimiento que hacía "impura" a la mujer, no porque implicara ninguna clase de violación de una ley moral, sino porque ponía su cuerpo en contacto con el manantial de la vida, identificada -como es habitual- con la sangre. También después de ello debía realizar un sacrificio de purificación para poder volver a su vida corriente.

Conviene explicar estas cosas porque nuestra cutura ya no es la de hace veinte siglos y pueden quedar sin sentido todos estos ritos. Y además con un tinte machista nunca justificable.


Ya lo decía Einstein.
“La ciencia sin religión es coja y la religión sin ciencia está ciega

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