Parroquias de Alcadozo y Liétor: EL EVANGELIO DEL 19 DE MARZO

EL EVANGELIO DEL 19 DE MARZO



LUNES



EVANGELIO
Sus padres iban en peregrinación cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús había cumplido doce años subieron ellos a la fiesta según la costumbre, y cuando los días terminaron, mientras ellos se volvían, el joven Jesús se quedó en Jerusalén sin que se enteraran sus padres. Creyendo que iba en la caravana, después de una jornada de camino se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca.
A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían estaban desconcertados de sus inteligentes respuestas. Al verlo, quedaron impresionados, y le dijo su madre:  
-Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo! Él les contestó:
-¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo tengo que estar en lo que es de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les había dicho. Jesús bajó con ellos, llegó a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo aquello en la memoria. Y Jesús crecía en sabiduría, en madurez y en favor ante Dios y los hombres.

Lucas  2, 41-52
COMENTARIO
Es el último relato de la Infancia de Jesús, que no es otra cosa sino una catequesis para aquellos primeros cristianos. Una especie de índice de lo que será el Evangelio. Si entendemos este texto como un relato histórico, carece de sentido que Lucas se haya explayado aquí contándonos un incidente que tuvo lugar cuando Jesús (según el cómputo judío) alcanzó el umbral de su vida adulta.
Al igual que en los relatos anteriores, Lucas se ha preocupado del sentido teológico de la escena, ya que en ningún momento se ha propuesto escribir unas memorias -ni siquiera fragmentarias- de la vida privada de Jesús, sino, por el contrario, desglosar su creciente personalidad y su progresiva emancipación de las categorías socio-religiosas de su entorno judío.
La escena tiene valor teológico. Sirve para anticipar la nueva relación que se ha establecido entre Dios y el Hombre, relación que produjo desconcierto entre sus connacionales, pero que dejó trazas en la memoria del pueblo fiel.
Lucas crea un marco apropiado para esbozar el que será el tema central de la nueva enseñanza impartida por Jesús: Lo que salva no son los ritos de la religión judía, sino la fe universal en Jesús. En el texto de hoy, Jesús inicia un éxodo (un largo camino) que irá desde las tradiciones judías a una nueva forma de creen en Dios.
Para ello nada mejor que las fiestas de Pascua, en que se rememoraba el éxodo de Egipto: "Sus padres iban en peregrinación cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús había cumplido doce años, subieron ellos según la costumbre,
 y cuando los días terminaron, mientras ellos regresaban, el joven Jesús se quedó en Jerusalén sin que se enteraran sus padres" (2,41-43).
María y José, exactos cumplidores de la Ley, observaron escrupulosamente el período prescrito, y una vez cumplidos los ritos pascuales regresaron a su pueblo. Lucas subraya que "subieron ellos según la costumbre", dejando entrever que Jesús no fue allí con la misma intención, y que "mientras ellos regresaban" él se quedó. "Creyendo que iba en la caravana, después de una jornada de camino se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, regresaron a Jerusalén en su busca" (2,44-45).
La triple mención de "Jerusalén" nos indica que lo que Lucas quiere enseñarnos tiene que ver con la institución religiosa del judaísmo. Trece años era la edad requerida para que un judío tomase parte activa en la comunidad israelita. A partir de esa edad, Jesús, como buen judío, quedaría obligado a las observaciones de su religión. Pero de momento ya se ha desmarcado de sus padres, parientes y conocidos, es decir, de su entorno familiar.
Este texto se irá desarrollando en la vida de Jesús: por encima de los rituales judíos, Jesús colocará a los sencillos, a los pobres, a los pecadores. Lo que salva no son los rituales antiguos, sino la confianza en la misericordia de Dios que Padre bueno que quiere a todos.













  

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