Parroquias de Alcadozo y Liétor: LA CASA DE LA SUEGRA DE PEDRO

LA CASA DE LA SUEGRA DE PEDRO



El texto de hoy no sitúa ante uno de los hallazgos arqueológicos más recientes e interesantes relacionados con la vida de Jesús. A principios de siglo XX los franciscanos compraron a un grupo de beduinos el terreno donde suponían que estuvo ubicada la antigua ciudad de Cafarnaún.

Tras un siglo de excavaciones arqueológicas se han desenterrado las ruinas de esta ciudad. Los resultados han sido los siguientes:

Ha salido a la luz la sinagoga donde Jesús acudía para enseñar y curar. Esta sinagoga se halla en el centro de Cafarnaún y sus cimientos ocupan un área de casi mil metros cuadrados. Esta Sinagoga fue denominada «La Blanca», debido a la coloración de las piedras con que fue reconstruida.

A unos ochenta metros de esta sinagoga los arqueólogos han hallado las ruinas de una pequeña basílica bizantina de planta octogonal, construida en el siglo IV. Ahondando en los cimientos de esta basílica octogonal han llegado a un sustrato más profundo: Y han descubierto que dicha basílica fue levantada sobre una vivienda cuya planta coincide con la descripción que se hace de la casa de la suegra de Pedro, a la que hace alusión el texto de hoy.

Esta casa también es descrita por Marcos 1, 29-34. La casa, sobre la que se construyó la basílica bizantina, posee habitaciones que mues- tran restos de un culto cristiano muy primitivo. Incluso hay una habitación con inscripciones cristianas, propias del siglo I y II, en las bases de sus paredes.

Los arqueólogos afirman que esta casa corresponde, casi con toda seguridad, a la casa de la suegra de Pedro de la que hablan los evangelios. La habitación señalada sería aquella en la que se reunía Jesús con sus discípulos.

Jesús hizo de aquella casa, que ahora muestra la arqueología, un lugar para la acogida, para curar a los enfermos, para perdonar, para reunirse con sus discípulos y programar la misión en la que se hallaban comprometidos. En esta casa hallaron también un espacio donde compartir logros y dificultades cuando regresaban de predicar, curar y devolver la esperanza a los más pobres de su pueblo.