Parroquias de Alcadozo y Liétor: EL JUICIO A LAS NACIONES

EL JUICIO A LAS NACIONES



Hoy leemos un texto que habla de solidaridad, compasión y generosidad.
La expresión «a todas las naciones» se refiere a la humanidad entera. También a los que no pertenecen al pueblo de Israel y no han conocido la voluntad de Dios expresa- da en la Ley y los Profetas. El texto de hoy es para toda persona, sin importar la reza, la cultura o la religión...

«Ovejas y cabras». La distinción puede que se deba a su color, blanco o negro; colo- res cargados de simbolismo antagónico en todas las culturas. La oveja era un modelo de virtud para los antiguos: afectuosa, indefensa, sumisa y necesitada de cuidado. La relación entre pastor y oveja aparece en el Antiguo Testamento como modelo de relación entre Dios y el pueblo. La cabra, por el contrario, es hosca, desconfiada, brusca, agresiva y desobediente..

«Derecha e izquierda» son dos conceptos sin sentido político para el mundo bíblico. La derecha indica el lado favorable de la vida; la izquierda es lugar de desdichas. Con la mano derecha se saluda, se bendice y se jura; con la izquierda se mata a traición.

El texto escenifica una especie de juicio en el que se pregunta a las personas que ante el comparecen; un examen final. El Señor podría ponernos otras «preguntas de examen»: si hemos rezado, si hemos hablado bien, si hemos hecho penitencia, si pertenecemos a la Iglesia y, dentro de ella, a alguna asociación o comunidad religiosa, si hemos profetizado en su nombre, si hemos hecho milagros... Pero no: el examen se decidirá, no por lo que hayamos dicho o escrito, sino por lo que hayamos hecho: en concreto, si hemos sabido imitar la actitud de entrega y caridad y servicio del mismo Jesús.
Jesús es un maestro y un pedagogo magnífico: no emplea, por ejemplo, la palabra "amor", que puede resultar gastada o ambigua.

Los ejemplos concretos que pone siguen teniendo la misma actualidad hoy en día: si hemos dado de comer a los que tienen hambre, si hemos dado de beber al sediento, si hemos atendido al forastero o inmigrante, si hemos vestido al que está desnudo, si hemos visitado a los enfermos y a los encarcelados.
Son exactamente las obras de las que Él nos dio ejemplo. Jesús fue el buen samaritano por excelencia. Y lo más sorprendente: quien actúa en favor de los necesitados, está actuando en favor del mismo Jesús...

El premio o castigo no depende de cumplir o no un código de leyes, estar afiliado o no a una religión, saber de teología... depende del amor que se dé a cada uno de estos seres que sufren en la encrucijada de la vida. Quien ama, está salvado, aunque no confiese expresamente a Jesús ni lo haga por él. Y es que, al final, será el amor quien decida nuestra suerte definitiva.

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