Parroquias de Alcadozo y Liétor: MÁS APOCALÍPTICA

MÁS APOCALÍPTICA


Seguimos con el lenguaje apocalíptico de días anteriores. En las palabras del texto de hoy resuenan expresiones tomadas del Libro de Daniel, un profeta que expresó su mensaje con lenguaje apocalíptico.


El libro del profeta Daniel, en su capítulo noveno, hablaba del juicio de Dios del final de los tiempos. Este juicio vendría precedido de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y del Templo. El escritor del Evangelio une las palabras apocalípticas del profeta Daniel con la experiencia histórica de la destrucción de Jerusalén.

El texto que leemos tiene dos partes diferenciadas: La primera parte habla de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y su Templo. La destrucción del Templo de Jerusalén supuso un fuerte golpe psicológico para los primeros cristianos, todavía con hondas raíces judías en sus mentes. Ese acontecimiento marca el final de la historia del pueblo de la antigua Alianza. De ahora en adelante ya no tiene sentido aquella distinción que hacían los israelitas entre los judíos y los paganos. En adelante sólo existe el nuevo pueblo de Dios, que estará formado por personas venidas de todos los lugares de la tierra. La iglesia comienza a tomar conciencia de ser «católica» (palabra griega que significa: universal)

En la segunda, y con un lenguaje tomado del libro de Daniel (lenguaje apocalíptico), se nos habla de ese personaje misterioso para hacer todo nuevo: el «Hijo del Hombre». Esta expresión se refiere al Mesías y subraya su humildad, humanidad y capacidad para ser solidario con las personas.

El final del texto es una invitación para aquellos primeros cristianos y para nosotros: «Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación» Se nos invita a ser creyentes de forma activa, esforzándonos por transformar el pequeño trozo de historia en el que nos ha tocado vivir; confiando en que Jesús ha inaugurado un tiempo nuevo en el que puede ser vencido el dolor y la muerte.

Como cristianos debemos transmitir esta confianza en el bien, más allá de las dificultades. Con el aliento evangélico como referemcia podemos construir una historia más digna y humana.

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