Parroquias de Alcadozo y Liétor: SÓLO 1 MINUTO, LUNES

SÓLO 1 MINUTO, LUNES

EL CANTO DEL GRILLO

En agradecimiento a su sabio maestro que le había iniciado en un monasterio del Tibet en el camino del espíritu, un joven occidental le invitó a que le visitase en la ciudad en la cual vivía.

El maestro, como quería muchísimo a su discípulo occidental, decidió que seria bueno volver a verlo y pensó además, que no le vendría mal conocer otra realidad y cultura, pues así podría ampliar sus horizontes de conocimiento.

Un día en que el sabio maestro y su discípulo estaban caminado por la bulliciosa metrópoli, la gente no dejaba de mirar al maestro hindú pues su vestimenta de monje budista atraía sus miradas curiosas, mientras que el discípulo caminaba orgulloso de estar junto a tan exótico compañero.

De pronto en medio de todo ese bullicio, el maestro se detuvo y le dijo a su discípulo.

- Escuchas lo que yo estoy escuchando.

El discípulo sorprendido, puso toda la atención del caso aguzó el odio, pero dijo que solo oía el ruido del trafico y de la ciudad al mediodía.

- No por aquí cerca está cantando un grillo- dijo el maestro sonriente.

- No, debes estar equivocado maestro, yo solo oigo el ruido de los coches- insistió su discípulo.

- Estoy totalmente seguro, estoy escuchando el canto de un grillo- dijo el maestro y se puso a buscar entre las hojas de unos arbustos.

Después de poco tiempo de búsqueda, el maestro sonrió y encontró en medio de los arbustos a un pequeño grillo cantarín que se había camuflado entre el verde de las hojas, aunque se lo veía molesto porque interrumpían su melodioso concierto.

- Ves que si era un grillo el que estaba cantando- le dijo el maestro.

Maravillado el discípulo le dijo- Si tenias razón. No cabe duda de que ustedes los orientales tienen el oído mucho más fino que nosotros los occidentales.

- Te equivocas- le dijo el maestro sonriendo- no es una cuestión solo de escuchar con los oídos, sino con el corazón. Fíjate en esto- y sacando una moneda de su bolsillo la dejo caer sobre la acera. Cuando la moneda cayo al piso la gente que estaba cerca regresó a ver inmediatamente.

- Te das cuenta lo que ha pasado- le dijo el maestro- La moneda al caer ha hecho un ruido más débil e inaudible que el canto del pequeño grillo, y sin embargo, lo han oído muy bien la gente que por aquí pasaba. Eso se debe no a que en oriente tengamos más afinado el oído, sino que hemos aprendido no solo a oír sino a escuchar incluso lo inaudible de la sinfonía de la naturaleza, pues lo hacemos desde el corazón; mientras que occidente ha dejado de escuchar el silencio, por eso no puede escuchar el tierno y suave canto del grillo, occidente está tan consumido por el consumo, que solo le interesa las riquezas materiales y por eso privilegia el capital sobre la vida, y solo es capaz de oír el sonido del dinero y del poder.

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