Parroquias de Alcadozo y Liétor: MARTES DE LA SEMANA XXII. EL EVANGELIO DEL 1 DE SEPTIEMBRE

MARTES DE LA SEMANA XXII. EL EVANGELIO DEL 1 DE SEPTIEMBRE


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús le intimó: «¡Cierra la boca y sal!»
El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos: «¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.»
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Lucas  4, 31-37

COMENTARIO


Creo que era Platón quien decía que la "persona inteligente habla con autoridad cuando dirige su propia vida". Y lleva razón; Jesús tuvo un proyecto claro que dirigía su vida, de ahí la autoridad que muchos -hasta los demonios-, veían en él.

Más allá del contexto vital que envuelve al relato de hoy -la curación de un endemoniado-, el texto nos ofrece una excelente oportunidad para aproximarnos a la personalidad de Jesús y a su autoridad. Ya es curioso que un endemoniado, en tiempos de Jesús, campara a sus anchas por el espacio sagrado de la sinagoga; pero ciertamente, más curioso es que Jesús decida su sanación según los usos de la época.

En cualquier caso el texto nos presenta la autoridad de Jesús caracterizada por tres elementos que siguen siendo de actualidad. 

La autoridad de Jesús, en primer lugar, es reconocida y reconocible. No se gobierna dando puñetazos en la mesa, la autoridad se gana y se hace digna de ser creída ante los demás. Es un espectáculo poco edificante ver cómo en ocasiones nos revestimos de "aparatos externos de poder" pero nuestra propio castillo interior está inhabitable o con serias amenazas de derribo. Así no somos creíbles.

En segundo lugar, la autoridad de Jesús es responsable. Él es autor de lo que dice, Él escribe su propio guión. Hay una manera de ser autónomo en la vida que, ciertamente nos aísla de los demás. Pero la autonomía de Jesús no viene de su aislamiento sino de su convicción, de su honda convicción. Quizás por eso, letrados y fariseos aparezcan recluidos en un mundo estéril de ritos sagrados, y Jesús motive una vida fecunda de sentido para aquellos que compartían su tiempo y su espacio.

En tercer lugar, la autoridad de Jesús es "para algo", es transitiva. "Mandar por mandar" no deja de ser una enfermedad propio de personas acomplejadas. Jesús ejerce su autoridad "para transformar la realidad que tiene delante". Además lo hace "sin herir" -el demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño-. 

No tomar decisiones, aplazar eternamente los problemas, e instalarte en el des-gobierno de tu propia vida, revela irremediablemente una preocupante falta de fe en aquello en lo que comienza "toda   fe": tu propia vida

Por eso "mandar" es una arte, y tener autoridad, el proyecto de toda una vida de honradez y transparencia.


PD: Un comentario más ilustrado sobre la autoridad de Jesús podéis encontrarlo aquí.

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