Parroquias de Alcadozo y Liétor: MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXIII. EL EVANGELIO DEL 9 DE SEPTIEMBRE

MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXIII. EL EVANGELIO DEL 9 DE SEPTIEMBRE


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Lucas  6,  20-26


COMENTARIO
Mateo y Lucas, dos contadores de la experiencia de Jesús, nos ofrecen "versiones" complementarias sobre el Maestro de Galilea. Mateo, mucho más moderado; Lucas, mucho más vehemente, hasta el punto de afirmar "ay de vosotros los ricos" en tensión dialéctica con "dichosos los pobres".

Pobreza, hambre, llanto, infamia...experiencias todas ellas muy necesitadas de ser contextualizadas histórica y geográficamente hablando. Ahora bien, una nota común parece estar presente en el texto de hoy, tal y como nos lo presenta Jesús en su contexto: por una parte, la tendencia a encerrarse y aislarse que tiene aquella persona que vive en el delirio de pensar que no necesita de los demás en la vida, y por otra, la especial posición del pobre para, necesitando del socorro exterior, abrirse a la experiencia del otro y del Otro (con mayúsculas).

Para Jesús, quien es rico y está harto de todo, es esclavo de si mismo, por tanto vive ya su infierno que le impide incluso la toma de conciencia de su crítica situación de soledad. Sin embargo, el pobre, el que depende, el que sabe que no se basta por si mismo, alcanza un nivel de humanidad que le coloca en lo que es: una experiencia de continua apertura.

Por eso, para Jesus, riqueza y pobreza no son sólo categorías sociológicas, son también experiencias teologales. El rico, ha caído en la trampa del tener; el pobre quizás esté mejor situado para acceder al trampolín de la gracia y la donación.

Es complejo actualizar los textos de hoy sin caer en tópicas historias de buenos y malos, agraciados y desgraciados. La clave está en optar entre el aislamiento egoísta o la apertura radical solidaria. ¿Dónde estamos cada uno de nosotros?


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