Parroquias de Alcadozo y Liétor: MARTES DE LA SEMANA XXXI. EL EVANGELIO DEL 3 DE NOVIEMBRE

MARTES DE LA SEMANA XXXI. EL EVANGELIO DEL 3 DE NOVIEMBRE


EVANGELIO
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: «¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!»
Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: "Venid, que ya está preparado." Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor." Otro dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor." Otro dijo: "Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir." El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: "Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos." El criado dijo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio." Entonces el amo le dijo: "Sal por los cruces de los caminos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa." Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.»


Lucas 14, 15-24
COMENTARIO


Extraña, torpe, vacía, oscura…. así me la imagino yo, aquella mesa de banquete sin comensales. Y es que
hay experiencias vitales que no sirven como objetos de museos ni como artículos decorativos. 


Efectivamente, hay experiencias que, o se viven, o es como si no existieran. Una mesa de banquete no se pone para contemplarla o despreciarla, sino para gustarla. Nada más absurdo como ver pasar platos por delante de ti y fijarte sólo en los cubiertos de la mesa, si son de oro, o de plata, o de madera o… pero sin probar la comida. El banquete es para comerlo, con experiencia de comensalidad y de familiaridad, sí, … no como brutos y glotones…pero para comerlo.

Por eso Jesús no soportaba a los fariseos de su tiempo a quienes le dijo esa frase tan de entonces:  tenéis la llave de la sabiduría; pero no entráis ni dejáis entrar a los que quieren” (Lucas 11, 52); o en su versión moderna “ni comes, ni dejas comer”. Desde luego que con ellos Jesús se despachó a gusto según cuenta el evangelio de hoy: os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”.


Como siempre, ante textos así, bien haríamos en leer el libro de C. Geffree, “El cristianismo ante el riesgo de la interpretación”. Porque, si no hacemos ese ejercicio de interpretación, la religión se vuelve objeto de museo, bella en ocasionespero, seamos sensatos, cansina e insoportable a partir de la séptima sala, cuando los cuadros de un museo ya no son capaces de aliviarnos el dolor de espalda y de pies.

Y cuando interpretamos el evangelio, entonces deja de ser objeto de museo y se vuelve punta de lanza, hiriente casi siempre, empezando por la propia vida. Porque si el evangelio no me hiere a mí en primer lugar, es que todavía no lo he pasado  por mi corazón. 

Ya sabemos por el evangelio de ayer quienes eran los lisiados, cojos y ciegos, pero, por si fuera poco, hoy aparece un nuevo concepto: los que están en “los cruces de los caminos”. ¿Quienes están en los cruces de los caminos de hoy? ¿Qué situaciones humanas revelan en la actualidad esa intemperie tan despistante e incómoda? ¿Quiénes son los que viven perdidos? ¿Esos son los cruces de los caminos, no? 

Pues para ellos es el banquete. Para ellos es la Eucaristía. 


PD: Como complemente riguroso al comentario de hoy os sugiero esta contextualización sobre banquetes, cruces y caminos. Podéis leerlo aquí.

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