Parroquias de Alcadozo y Liétor: MARTES DE LA SEMANA XXXIII. EL EVANGELIO DEL 17 DE NOVIEMBRE

MARTES DE LA SEMANA XXXIII. EL EVANGELIO DEL 17 DE NOVIEMBRE

EVANGELIO
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»
Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»
Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Lucas   19, 1-10
COMENTARIO

El texto de hoy me parece tremendamente simbólico y especialmente sembrado de sentido para cualquier tiempo y lugar de nuestra comunidad eclesial. La “escasa estatura” de Zaqueo, la “higuera”, y la foto fija que nos ofrece el evangelio –“Jesús  invitando a comer a un hombre que está subido a una higuera”-, tiene todos los ingredientes para mostrar una historia de suspense y conspiración. ¿Qué significa este escenario?

Todo cuadra. La higuera, ya lo dijimos en otra ocasión, es signo de la “casta” judía del momento. Representa a la elite intelectual judía: escribas que enseñan (porque presuntamente saben) las sagradas escrituras. Solían colocarse bajo las higueras porque sus anchas hojas daban buena sombra, y allí creaban semillas de escuelas rabínicas. Debían ser las escuelas de teología privadas del momento.

La “escasa estatura” de Zaqueo hace referencia a la poca o nula calidad moral de quienes vivían aprovechándose de los demás, utilizando para ello su oficio de recaudador. Y lo que es peor, la gente como Zaqueo debía estar a buenas con dos bandos, con los buenos y los malos, los oprimidos y los opresores, es decir con los judíos a quienes les cobraban los impuestos perdonándoles la vida, y con los romanos para quienes hacían de recaudadores rindiéndoles la pleitesía exigida, que no era otra más que la del dinero. Por cierto, Zaqueo era consciente de su “escasa estatura”, sabía que era pequeño, y que desde su posición , hoy diríamos desde su universo de valores, era muy difícil si quiera ver a lo lejos al maestro de Galilea.

Y la foto fija; o lo que es lo mismo, un hombre que decide romper dos límites. Zaqueo sabía que tenía que hacer una “doble elevación”. En primer lugar sobre sí mismo. Con tan “baja estatura” era difícil poder conocer aquello que podía dar sentido a la vida. Cae en la cuenta de que tiene que “elevar” su tono vital, tiene que crecer, tiene que superar el límite de su interés (la recaudación) y descubrir algo más (la persona que pasa cada día ante ti) que es algo más que un objeto de negocio. 

Y una “segunda elevación”: tiene que estar por “encima” de la institucionalidad judía (la higuera). Por eso se sube. Las instituciones ayudan a mantener las tradiciones, pero también pueden petrificarlas de tal modo que hagan irreconocibles la fuente de las que surgen. Y eso le pasaba al judaísmo dominante en tiempos de Jesús: estaba descompuesto. Zaqueo pensaría: o paso por encima de él, o me pierdo lo más importante. Y se subió. Y entonces, se produce el encuentro.

La nueva enseñanza ya no se produce bajo la higuera, sino en la propia casa del Zaqueo (en casa del enemigo a batir, por cierto) y en torno a una comida que prepara (consagra) el propio Zaqueo y a la que lógicamente está invitado antes de su propia conversión (“mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más”)

Me viene a la cabeza la famosa frase del Papa Francisco: “la Eucaristía (participar de la comunión en la misa) no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y alimento para los débiles”.


Hoy tenemos tarea por delante. Descubrir nuestras “pequeñas estaturas”, saber por encima de qué “higueras” hay que estar, y detectar dónde podemos celebrar estas comidas reconciliadoras, capaces de posibilitar el encuentro entre lo más bajo de la condición humana (Zaqueo) y la más noble humanidad (Jesús)

Un comentario sobre Zaqueo y su fama y oficio, podéis leerlo aquí.

También podéis re-leer la importancia de las comidas en el Evangelio de Lucas que hace no mucho comentábamos, aquí.


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