Parroquias de Alcadozo y Liétor: MIÉRCOLES DE LA X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 8 DE JUNIO

MIÉRCOLES DE LA X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 8 DE JUNIO


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Mateo 5, 17-19
COMENTARIO


El Evangelio de hoy es de “nivel”. Uno puede pasar “de puntillas”, así como sin leer, y hablar de que estamos llamados a la plenitud pero sin hacerse cargo de la afirmación central del Evangelio: “Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos”.

Con lo que era Jesús y las broncas que les echaba a los fariseos por “legalistas” (véase Mateo 23, 13-33) y en este caso hace esa rotunda defensa de la Ley.

Pues sí, como buen judío Jesús es alguien enamorado de la Ley… pero de la Ley (la Torah). La Torah no es un simple conjunto de preceptos meticulosos. La Torah era el proyecto del pueblo judío, era el proyecto de todo un pueblo convencido de su promesa y de su sentido. La Ley contenía normas, claro, pero contemplaba también la continua renovación que provenía del espíritu de los profetas.  El cumplimiento de la Ley era, al fin y al cabo, el cumplimiento de las promesas judías.

La crítica que hace Jesús a los fariseos es precisamente por “raquitismo ético”; es decir, los fariseos hacían un “cumplimiento externo” de la ley. Y hoy sabemos con probada certezas que el “imperio de la ley” como gusta decir a nuestros políticos, en ocasiones es fácil vaciarlo de autenticidad “moral”, porque legalidad y moralidad no siempre coinciden… creo. Es posible “cumplir la ley” y ser una persona “inmoral”. Por eso no podemos confundir la Ley judía (el sentido de toda su historia como pueblo) con nuestras leyes, ni siquiera las leyes de nuestra iglesia.

De hecho, lo que era la Ley para el pueblo judío, viene a ser para la primitiva comunidad cristiana la “experiencia” de las Bienaventuranzas”, que ya sabemos que no eran normas, sino un estilo de vida percibido como “buena y definitiva noticia”.

Precisamente por eso, donde mejor podemos encontrar el cumplimento de la Torah judía es en las profecías y en las expectativas de los profetas de Israel. Para ellos, la justicia, la paz y el “banquete” del Reino eran el cumplimiento de la Ley. A esa tradición se apunta Jesús, él quiere que se cumpla la ley, que las expectativas mesiánicas del pueblo de Israel se cumplan plenamente. Más aún, Jesús se ve a sí mismo, como el cumplimento de la Ley. No dudará por ello San Pablo en afirmar en la carta a los Romanos que “el amor es la plenitud de la ley” (Romanos 13, 10).









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