Parroquias de Alcadozo y Liétor: VIERNES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 17 DE JUNIO.

VIERNES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 17 DE JUNIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! »


Mateo   6, 19-23

COMENTARIO
El eje ojo-corazón era central para un judío de bien. En el corazón residía lo que hoy denominamos “inteligencia emocional”, es decir, el sano equilibrio entre conocimientos y valores que debe regir nuestras actuaciones sociales. Para los judío el ojo contenía un fuego que hacía posible la visión. Por eso es la “lámpara del cuerpo” o de toda la persona. El ojo, por tanto, vehiculaba los afectos que nacían del corazón. Por eso donde pones el ojo, allí está tu tesoro y allí está tu corazón.

Pero más allá de este apunte de antropología cultural del momento, Jesús invita a la sensatez. Jesús, con este evangelio, pone en cuestión nuevamente la filosofía tradicional de vida de los judíos. Tener un buen “montón” (“atesorar tesoros en la tierra”) era signo de prosperidad y de bendición para un judío de bien. La incapacidad para “amontonar” y “atesorar” era visto como un signo de maldición de dios.

Jesús, no exento hoy de cierta ternura, viene a decir que los tesoros que se guardan, caducan, y lo más grave “amontonan tu mirada”. Yo tenía un amigo que cuando se agobiaba decía: “¡estoy amontonao!”; y es que ciertamente cuando uno se amontona pierde lucidez y sensibilidad y acaba siendo pasto de roedores.

Lo que ocurre es que en este siglo XXI los roedores no circulan por las galerías alternativas de nuestras casas, más bien anidan y discurren por las redes de fibra óptica de las internets al uso, y por los flujos financieros de capitales que en el nombre del dios “mercado” acaban, ahogándolos, con la vida de tanta gente…eso sí, imperceptiblemente.


Al fin y al cabo nos puede pasar a todos como a los judíos de bien que, con la mejor intención del mundo confundamos la bendición con el egoísmo y la prosperidad con el “sálvese quien pueda”.

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