Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL DOMINGO 14 DE FEBRERO. SEMANA 6ª DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL DOMINGO 14 DE FEBRERO. SEMANA 6ª DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.



Marcos 1, 40-45
COMENTARIO


No era fácil para un leproso (hombre impuro) acercarse con cierta naturalidad a un maestro de la Ley como era Jesús (hombre puro). Da la sensación de que Jesús era percibido como el "hombre para todo" y el hombre para todos". 

"Si quieres puedes limpiarme"; no pide aquel hombre oraciones, ni compañía espiritual, ni perdón de la culpa. Pide simplemente vida. Jesús detecta en aquel hombre su más honda pretensión, arraigada en la necesidad más radical que tiene el ser humano, y que no es otra más que la posibilidad de vivir con dignidad. 

La respuesta de Jesús es incondicional: ¡quiero! Y es que, en este caso, no se trata de discernir, se trata de responder con agilidad. Hay acontecimientos en la vida que no admiten demora. Jesús no es un hombre de "prisas", pero sí que es persona con decisión. Porque allí donde no hay decisiones oportunamente tomadas, la vida se estanca y se hace opción imposible.

Este Jesús que aconseja presentarse al leproso delante de los sacerdotes del templo, tal y como marca la Ley, es el mismo que en otra ocasión entra al Templo y lo desbarata por su ineficacia y por su corrupción. Un cierto equilibrio marca la actitud de Jesús ante la religión de su tiempo. Para Jesús, no se trata de estar "frente a todo", pero tampoco "a pesar de todo". Lo que carateriza  la relación de Jesús con la institucionalidad judía de su tiempo es la sensatez y la cordura.

Cuando traemos el texto al hoy de nuestra vida, lógicamente resultan mucho más reveladoras las actitudes de Jesús con el leproso que la propia curación del mismo. Y lo bueno de esta cuestión es que más allá de la existencia o no de dicha enfermedad, nosotros sí que podemos seguir reproduciendo vitalmente las propias actitudes de Jesús.

Por eso allí donde hay inclusión (es decir capacidad para integrar), allí donde hay decisión ( es decir, posibilidad de re-crear la vida), allí donde hay autenticidad y coherencia (es decir sentido práctico y común)... allí donde se comparten todas estas actitudes, la vida merece la pena, la convivencia es un regalo, y la humanidad, sin heroicidades, se convierte en buena noticia.


























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