Parroquias de Alcadozo y Liétor: JUEVES DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 26 DE ENERO.

JUEVES DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 26 DE ENERO.


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará con creces hasta lo que tiene.»
Marcos   4, 21-25

COMENTARIO

Ahora que está de moda esto de "confesarse" o de "ir retransmitiendo tu vida on line" a través de las redes sociales, voy a ponerme hoy yo en este "modo confesión" (sin que sirva de precedente).

A veces pienso que mi experiencia de fe es muy superficial, porque creo que dejo poco lugar al misterio en mi vida. Frases tales como que se "haga la voluntad de Dios", o "que sea lo que Dios quiera"... y parecidas, a mí no me "sale" pronunciarlas porque no las siento. De verdad que, en ocasiones me gustaría sentirlo (aunque sólo fuera por ver lo que "se siente")... pero no puedo.

Siempre he concebido la fe de un modo más "evidente". Siento que Dios no es un "acontecimiento oculto", sino más bien "revelado". Dios, y lo que rodea a su ser, no se nos oculta, sino que se nos revela.

Y lo más tremendo, "se pone en nuestras manos".  Y lo más asombroso, "hace que las cosas dependan de ti" aunque tengan en Él su origen.

Por poner una nota de humor en esta digresión tan seria, "las cosas no ocurren porque Dios quiere, sino porque a nosotros nos da la gana". Que Dios se haya encarnado (según la tradición cristiana) significa que todo ha de pasar por la "carne humana", por la "voluntad humana".

Precisamente por eso, yo creo que el evangelio de hoy, es de enorme importancia: "el candil" (la luz-Cristo-el Evangelio), puede estar oculto (bajo el celemín o bajo la cama), pero depende de tí y de mí que lo pongamos en el candelero si queremos que alumbre.

En nuestras manos está "la medida" que queramos usar. Podemos ser hombres y mujeres que trabajemos la vida con la "medida del evangelio" o con "otra medida". Y dependiendo de nuestra opción (de nuestra voluntad), así será nuestro entorno ("la medida que uséis, la emplearán con vosotros").

Precisamente por eso, cuando uno "no ejerce" su fe, es decir, cuando uno no consiente que el evangelio de Jesús sea referencia en su vida, sea "su medida", efectivamente desaparece de su vida  ("al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará").

Pero esta es la gracia  del  Maestro de Galilea: él nunca impone su evangelio, sólo lo propone; él nunca fuerza su voluntad, simplemente invita a vivirla.


Pero no me hagáis mucho caso hoy. Ya os digo, quizás me falte un poco de fe. Acabó el "modo confesión".



















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