Parroquias de Alcadozo y Liétor: abril 2017

MENSAJE PARA ESTA SEMANA

DOMINGO III DE PASCUA. EL EVANGELIO DEL 29 DE ABRIL.

EVANGELIO
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

LA PASCUA DE LOS CAMALEONES. COLABORACION EN COPE



La pascua de los camaleones

Decía mi abuelo en los últimos años de su vida y en ese tono apocalíptico que les caracteriza a los que rondan los cien años, que las cosas estaban últimamente “patas arriba”. Yo no sé si es porque rondo ya el medio centenar de años, pero pienso cada vez más como él: ciertamente las cosas ya no son como parecen ser que tienen que ser.

SÁBADO DE LA II SEMANA DE PASCUA. EL EVANGELIO DEL 29 DE ABRIL


EVANGELIO
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafárnaún.

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE PASCUA


EVANGELIO
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 

FESTIVIDAD DE SAN MARCOS. EL EVANGELIO DEL 25 DE ABRIL.


EVANGELIO
En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo:
–Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado.
A los que crean, les acompañaran estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos.
El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.
Marcos 16, 15-20

COMENTARIO
Se agradecen evangelios como los de hoy porque salta a la vista el “ropaje” cultural del que se revisten los textos evangélicos, absolutamente prescindible, y que además reclama nuestra actualización si no queremos hacer de la “Palabra” un silencio ahogado.

Probablemente, en la cultura judía del momento, serpientes y espíritus fueran “grandes amenazas” para la estabilidad de la época: los espíritus porque “deformaban” el interior del ser humano, y serpientes y venenos porque, en un pueblo nómada cómo había sido el judío, eran un continuo problema en sus viajes.

En el fondo, Marcos presenta la figura de Jesús como la de aquel hombre que nos permite “vencer” los grandes miedos del ser humano. El mensaje, fuera del ropaje cultural de aquella época, sería: “no tengáis miedo a nada, Dios está de vuestra parte, sólo Él es la verdad, no temáis a otros poderes". Yo imagino a aquellos primeros cristianos más que cogiendo serpientes, “comiéndose el mundo”, humanizándolo.

Hoy, en nuestra cultura, cada uno de nosotros deberíamos hacer una lista de nuestros miedos y amenazas, de nuestras instancias des-humanizadoras y de nuestras impotencias; en el fondo, el evangelio de hoy nos propone caer en la cuenta de todo lo mejorable que tiene nuestra vida, no para compadecernos de ello sino para transformarlo.

Y narra también el texto de hoy el acontecimiento que denominamos la "ascensión de Jesús". Otro acontecimiento necesitado de ser interpretado sin los ropajes míticos de la época.


Esta "retirada" de Jesús no es ni huída, ni indiferencia, sino algo así como condición de posibilidad para que el ser humano sea tal. 

De igual modo que un padre o una madre se separan del hijo o de la hija para que ellos puedan crecer, la experiencia del Dios judeocristiano conoció desde el comienzo el hecho de sabernos libres y constructores de nuestro propio devenir histórico.

Y Dios, más que el "gran ausente" de dicha tarea, seréa el "gran fundante" de la misma.










LUNES DE LA II SEMANA DE PASCUA. EL EVANGELIO DEL 24 DE ABRIL


EVANGELIO
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: - «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le pregunta: - 

VIERNES DE LA I SEMANA DE PASCUA. EL EVANGELIO DEL 21 DE ABRIL

EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: - «Me voy a pescar.» 

JUEVES DE LA SEMANA I DE PASCUA


EVANGELIO
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: - «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: - «¿Por qué os alarmáis;" ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.» Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: 

EL CAMINO DEL DISCÍPULO. SESIÓN 5






MIÉRCOLES DE LA I SEMANA PASCUA. EL EVANGELIO DEL 19 DE ABRIL.

EVANGELIO
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

MARTES DE LA I SEMANA DE PASCUA. EL EVANGELIO DEL 18 DE ABRIL.




EVANGELIO
“En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les contesta: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro! Jesús le dice: Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto”.

Juan   20, 11-18

COMENTARIO
En más de una ocasión he comentado que me fascinan los textos de las apariciones de Jesús Resucitado.

BUENA PASCUA DE RESURRECCIÓN

Jesús Resucitado,  o la historia del díscolo camaleón.

Tocaba padecer de muerte, pero quienes acudieron para poner fin a los actos funebres  comenzaron a atestiguar unas huellas de vida a mitad de camino entre la incertidumbre y la indecisión. Y desde aquellos momentos, hasta hoy, los humanos nos debatimos en esa misma tensión: ante la muerte, o incierta apuesta de sentido, o decisiva pasión por lo cotidiano.

Los camaleones tienen la virtualidad de cambiar de color para pasar desapercibidos. Superviven mimetizándose con el ambiente. En ellos, la estética sintoniza con la dudosa ética del sálvese quien pueda. Pero Jesús de Nazaret, o quizás su memoria viviente en los discípulos, lejos de “adaptarse” a la realidad, no tuvo ningún reparo en morir cuando “tocaba estar vivo” y en dejar huellas de vida “cuando tocaba estar muerto”.

Jesús de Nazaret fue un camaleón díscolo. Le definía, más que su “adaptabilidad” al sistema, su “inadaptabilidad”. Crítico contra una decrépita religión institucionalizada (el judaísmo fariseo) y contra una cultura (la romana) en la que no importaba la muerte del inocente si había que resguardar la vida del empoderado.

Al final, esto de la Resurrección tiene mucho que ver con el cambio de color, eso sí, a destiempo. Toca, en primavera, ponerse un poco crítico con los suaves celestes que anuncian un tiempo estival tan repetitivo como empalagoso; y toca, en primavera, recuperar los rojos apasionados que a Tomás entre otros, palpando sus heridas, le recordaba la complicidad del díscolo camaleón con los heridos de su tiempo.

Porque la Cruz, por muy espiritualmente estética que aparezca en los crucificados barrocos o en los carmesí que les escoltan, es la consecuencia de toda una vida inadaptada y conflictiva. Y las Huellas de vida, tras la contemplación de un sepulcro no deseado, hay que seguir rastreándolas más allá de los postureos religiosos y las postmodernidades vitales del momento, humanizando nuestra historia y llenándola de dignidad.


Sólo entonces, la Resurrección, dejará de ser “perfomance” pascual, para convertirse en memoria real del Viviente Eterno.

Buena Pascua de Resurrección.