Parroquias de Alcadozo y Liétor: DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 10 DE AGOSTO

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 10 DE AGOSTO


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has, salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. »


Mateo  18, 15-20
COMENTARIO

En el evangelio de hoy aparece un itinerario de reconciliación de los miembros de la comunidad cristiana que resulta envidiable. Los intérpretes de la biblia discuten si estas palabras las pronuncio Jesús tal y como nosotros las leemos o supone ya una primera interpretación del “cómo vivir la reconciliación”, una vez interiorizado el deseo del maestro de Galilea por llevar a cabo eso de que hay que perdonar “setenta veces siete” (Mateo 18, 22).

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso has salvado a tu hermano”. 

Es decir, que el “ofendido” ha de dar el primer paso; pero no para recibir una “satisfacción” por la ofensa, sino para “salvar” a tu hermano, que es el que te ha ofendido. ¡Qué venga Dios y lo vea!

La comunidad de Mateo hace “responsable” del comienzo de la reconciliación no al “ofensor”, sino al “ofendido”. Y luego ya, en un segundo momento, que intervenga la comunidad si es necesario.

El sacramento de la reconciliación es uno de los que más ha cambiado de forma a lo largo de los veintiún siglos de cristianismo. Hay personas que se llevan las manos a la cabeza cuando conocen que durante los ocho primeros siglos de cristianismo (es decir, durante ochocientos años) el sacramento de la confesión sólo podía realizarse una sola vez en la vida. No me cabe duda de que algunos confesores de "pro" de nuestras días son demasiado modernos, porque su tradición comienza en el Concilio de Trento; a estos habría que recordarles que leyeran los temas anteriores del manual que estudiaron.

Francamente, yo no entiendo como una práctica del perdón que empezó de este modo en la comunidad de Mateo, acabó necesitando de una sede sacramental  para celebrar "canónicamente" el sacramento del perdón. No acabo de entender por qué, si ha habido ya reconciliación con el hermano, hace falta pasar por la comunidad a través de la persona del sacerdote. En ocasiones pienso, que la propuesta de Jesús la hemos ineriorizado a medias; y así, creemos que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, pero no acabamos de confiar en que mi amigo, mi hermano, mi vecino..., es el mismo rostro de Dios.

Lo que en el texto del evangelio de hoy queda claro es que “la vida” es decisiva y que el perdón has de “sentirlo y vivirlo”: “todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”. Y cuando sientes el perdón y lo vives, y tu vida es “reconciliante y reconciliadora” ¿hace falta algo más? 

Otra cosa distinta es el que necesite un “proceso de acompañamiento” para realizar un itinerario  de reconciliación, como, por ejemplo, le puede pasar a una persona que camina perdido en una gran ciudad y pide ayuda a alguien que transita por allí y conoce los caminos y, caminando él , se deja guiar, para encontrar, sin perderse, lo buscado.


Es urgente, muy urgente, una renovación del sacramento de la reconciliación que nos haga crecer en lucidez, humanidad y responsabilidad ante el hermano y huir “más pronto que tarde” de una visión del sacramento ya caducado, no sólo por la carcoma de los confesionarios, sino también   por la “carcama” de quienes los habitan.

Aunque es muy discutible, la serie de los Simpson, supone una mirada relevante y reveladora de nuestra sociedad; una crítica un poco ácida del lugar al que ha llegado el sacramento de la confesión en nuestra sociedad queda reflejado en la frase que sigue. Comenta Hommer Simpson en una ocasión: "le pedí una bicicleta a Dios, pero como se que Dios no funciona así, robé una bicicleta y le pedí perdón a Dios".

PD. Si es de tu interés una reve historia del Sacramento de la Penitencia, pulsa aquí



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu opinión.