Parroquias de Alcadozo y Liétor: DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 5 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 5 DE NOVIEMBRE

Jean Béraud - 1891.


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Mateo 23, 1-12

COMENTARIO

Una de las cosas que siempre me han llamado la atención en el evangelio de hoy es que Jesús, en teoría,  no cuestiona el "mensaje" sino al "mensajero". 

Digo en teoría, porque después de decir todo lo que dice, no se quién se atrevería a prestar crédito a semejantes personajes -escribas y fariseos-. Tengo la sensación de que en el fondo Jesús, inhabilitando al mensajero, acaba también cuestionando su mensaje.

Llama también mucho la atención el tema del vestuario; efectivamente, la crítica más hiriente y ridiculizante que realiza Jesús es en relación a los ropajes con los que se revisten estos impresentables. Como veis, que el hábito haga ( o no) al monje, vine ya de muy atrás.

Quizás el mensaje de hoy, en sintonía con la literalidad del texto, es clara; sólo la humildad y la capacidad de servir salva. El "mensaje" (la verdad anunciada) o es percibido así por sus destinatarios, o dejará de tener sentido incluso su anuncio.

Nos convertimos en fariseos cuando olvidamos al otro, al que va dirigido nuestro mensaje. Nos convertimos en fariseos cuando la Palabra (con mayúscula) es dicha más como sentencia atronadora que como invitación sugerente.












  

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