Parroquias de Alcadozo y Liétor: JUEVES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 16 DE NOVIEMBRE

JUEVES DE LA SEMANA XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 16 DE NOVIEMBRE

EVANGELIO
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios Jesús les contestó: «El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.»
Dijo a sus discípulos: «Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.»

Lucas   17, 20-25

COMENTARIO

Esto de relacionar a dios con lo extraordinario emparentándolo con la magia y la superstición es un error del que a la larga nos arrepentiremos. 

Pero siempre queda el consuelo del Evangelio de hoy. No van desencaminadas las personas que entienden la fe de otro modo: sin ruido y sin estridencias porque “el reino de Dios no vendrá espectacularmente”; sin proclamar especialmente santos o prodigiosos a lugares o personas porque nadie “anunciará que el Reino está aquí o esta allí ”. 

Cuánto nos cuesta reconocer que el Reino está aquí, es de aquí, se nutre de cosas de aquí, de las experiencias normales, cotidianas, rutinarias…  
“porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”.

Frente al espectacular “dios exterior” que tanto interés nos despierta a veces, Jesús nos invita a la experiencia interior,  al “Dios interior” en el que “somos, nos movemos y existimos” (Hechos de los Apóstoles 17, 28)

Un Dios que se nos va revelando en la lenta realización de nuestro “hacernos persona” cada día, un Dios que sufre porque sufrimos las personas; un Dios que es creador porque sigue creando hoy, en el octavo, noveno, décimo … día del mundo cada vez que un científico loco pero apasionado descubre una conexión molecular todavía desconocida; un Dios para quien el tiempo es eterno, porque simple y maravillosamente “todavía dura”.

Pero claro, ese Dios cotiza a la baja en nuestra sociedad tan acostumbrada a los espectáculos de luz y sonido, a las personas de relumbrón y a las palabras rimbombantes y engoladas vacías de contenido y vaciadas de sentido; ya sabéis...aquellas que brillan...pero no iluminan.

Un comentario sobre el sentido teológico del Reino de Dios y el Hijo del Hombre, podéis leerlo aquí.





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