Parroquias de Alcadozo y Liétor: DOMINGO 4º DE CUARESMA. EL EVANGELIO DEL 11 DE MARZO.

DOMINGO 4º DE CUARESMA. EL EVANGELIO DEL 11 DE MARZO.


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
–«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Juan   3, 14-21


COMENTARIO

Cuando hemos sido pequeños todos hemos jugado al escondite. En dicho juego hay una estrategia que te permite ganar: esconderte bien, no ser visto y ver desde tu escondite. Si llega a buen término esa estrategia… te salvas. En ocasiones, la tiniebla...vence, sería la lección adulta de este juego infantil.

Cuando nos convertimos en personas adultas, ciertamente nos infantilizamos cuando preferimos la tiniebla (el escondite), a la luz.  Hay muchas formas de esconderse en el mundo de los adultos, pero no voy a hablar de ellas para no dar la razón a quienes, en ocasiones, me decís que los comentarios parecen más psicología que religión.

Ahora bien, grandes personajes bíblicos, como Adán y Caín por ejemplo, en algún momento se escondieron para no ser vistos, por si acaso de este modo le ganaban el pulso a Dios. 

Pero Jesús no admite este juego. Me imagino diciéndole a sus discípulos, "¡por favor, sed adultos maduros, no os escondáis; juguemos a ser vistos y a ser luz"

El llamado “juicio de Dios” no depende de Él, sino de ti. Tu decides en la vida: o vives en la luz o en la tiniebla. ¿Cómo se que vivo en la luz?. Pues lógicamente si veo y no tropiezo. Se acabó el “miedo” ante un dios arbitrario que me concede un poquito de su favor si yo me porto un poquito bien. Eso es una fe infantil e infantilizada.  

Vives en la luz cuando los demás, tu entorno, la comunidad… encuentra en ti alguien que vive con lucidez. El juicio, por tanto, no es ante un dios inefable e inescrutable. El juicio es cada día, ante la vida y con la fuerza de tus decisiones.

¿Y cuál es el criterio de la “lucidez” en la vida? Vivir en la luz, ser luz, iluminar la vida… no es otra cosa más que testimoniar lo que crees con tu vida, con tus obras de cada día, con tus decisiones, con tus apuestas, con tus motivaciones. Para el “Jesús” que nos anuncia San Juan, la luz y la vida coinciden


No es posible vivir en la luz y no cuidar la vida, la humanidad, la dignidad de tu persona y de las personas. Por eso, a mayor dignidad humana, más Dios, más Luz, más Cielo, más Salvación.


Por eso, bien haríamos en dejar unos instantes de silencio y “caer en la cuenta” cada día de lo que hemos vivido o no. Ese sería el mejor credo, y la mejor profesión de fela que nos permitiría re-conocer que Dios no es una palabra vacía y vaciada, sino que, me llena porque he decidido llenarme. Sólo entonces Él es Luz y yo lucidez.

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