Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL SÁBADO 20 DE OCTUBRE. SEMANA 28 DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO DEL SÁBADO 20 DE OCTUBRE. SEMANA 28 DEL TIEMPO ORDINARIO.


EVANGELIO


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte ante los ángeles de Dios. Y si uno me reniega ante los hombres, lo renegarán a él ante los ángeles de Dios. Al que hable contra el Hijo del hombre se le podrá perdonar, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de lo que vais a decir, o de cómo os vais a defender. Porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.»


Lucas 12, 8-12
COMENTARIO

Blasfemar es una palabra que viene del griego y que originariamente significaba "ofender con nuestro hablar".  Ciertamente Jesús se sentía ofendido por aquella casta de moralistas judíos que lo miraban con lupa.

La blasfemia contra el Espíritu Santo aplicado a la persona de Jesús, nos es otra cosa más que la necesidad que tuvo este buen hombre de tener que estar justificando continuamente cuál era la fuente de su bondad. 

Y es que no hay nada más cansado en la vida que “tener que justificar todo lo que haces”. Jesús, ni nadie, puede entender que se ponga en duda “los buenos adentros” de quien actúa haciendo siempre objetivamente el bien. 

Cuando traemos el texto al hoy de nuestra vida, su significación es cuanto menos sugerente. Una vida dedicada a ver siempre lo malo del que está a nuestro lado es una vida cansina. 

Blasfemar (ver siempre lo malo del otro, cuestionándolo constantemente) es imperdonable porque es cansino, y más que amargar al otro se amarga uno a sí mismo. 

Quizás por eso sea imperdonable, porque nadie te puede perdonar, más que tú mismo, de una ofensa que, en el fondo, retrata más al que ofende que al ofendido.

Blasfeman, por tanto, contra el Espíritu Santo, los fariseos que estaban siempre “al acecho” a ver cómo podían pillar a Jesús. Es lógico que Jesús “saque genio” y diga, “ya está bien, mírate tu interior, porque el demonio, puesto a existir, está más en ti que en mi; está más en tu mala voluntad y maliciosa mirada, más que en mis buenas obras”.

Por tanto, blasfemar contra el Espíritu Santo es dudar de la bondad del otro, es convertirte en juez de todo y testimonio de nada, es atreverte a ser maestro de todos y discípulo de nadie. En el fondo es pensar que tú tienes la verdad, la única verdad. Por eso, para blasfemo, el que se considera juez de lo blasfemo.

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El mensaje de la semana, en video, aquí podéis verlo. 






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