Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 23 DE ENERO. SEMANA 2 DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 23 DE ENERO. SEMANA 2 DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate (
εγειραι)y ponte ahí en medio.» Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.» Lo extendió y quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.
Marcos 3, 1-6
COMENTARIO

¿Recordáis la palabra que está en rojo en el texto? Pues sí, igual que en el texto que comentábamos el otro día. 

Con toda la autoridad del mundo podríamos traducir esta palabra por "¡Resucita!".

Por eso en el texto de hoy hay un milagro "visible" y otro "oculto". El visible es "uno más" de los realizados por Jesús; en este caso se trata de la curación de una mano atrofiada.

El "oculto" es más sugerente. La enfermedad, según la cultura judía, no solo afectaba al cuerpo físico sino también al cuerpo social. 

El enfermo tenía ciertos grados de impureza que había de purificar según los ritos prescritos. De alguna forma los enfermos, que por estarlo se les suponía pecadores, sufrían una incómoda e injusta marginación de la convivencia cotidiana.

Jesús viene a decirle a este hombre: "la Ley divina y sus jueces te están machacando, pero yo te digo que te levantes, que resucites, que vivas". Y la expresión "levántate" (resucita), se la dice antes de curarlo. Este es el milagro oculto.

Cuando traemos el texto al hoy de nuestra vida, tengo la sensación de que de el podemos extraer formas sanas e insanas de religión. 

Son formas insanas aquellas que hurgan permanentemente en nuestras heridas (que  todos las tenemos) pero no nos ofrecen  caminos de sanación razonables. 

La religión es sana cuando, de entrada, te dice: "estoy de tu parte, cuento contigo, cuenta tu conmigo, y ahora te acompaño, sin prisas, en tu proceso de sanación".

Digo sin prisas porque no es fácil detectar las atrofias y parálisis que tenemos. 

Uno a veces vive muy feliz (o quizás engañado, pero feliz) en sus dulces esclavitudes y atrofias. En esos momentos, a quienes menos escuchas es a quien te juzga y te machaca por ser como eres.

Agradeces entonces a quien se pone tu lado y te acompaña, sin más. 

Probablemente nosotros no tenemos la autoridad (fuerza) de Jesús para decir "levántate", pero sí que podemos humildemente expresar nuestro deseo de ser simplemente "compañeros de camino" en este peregrinaje cotidiano que es vivir.





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