Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 26 DE FEBRERO. SEMANA 7ª DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 26 DE FEBRERO. SEMANA 7ª DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO

Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros». 


Marcos 9, 38-40 

COMENTARIO
La obsesión por la identidad, el territorio, la ideología o el credo no deja de tener algo de enfermizo. Todas esas cosas están bien siempre y cuando sirvan para reunir lo disperso, para convocar a lo huido o para encaminar, ilusionando, a lo despistado.

La identidad, el territorio, la ideología o el credo sirven si son mediaciones que unen; pero si lo que consiguen es enfrentar, separar o excomulgar, ciertamente hay algo diabólico en ellos (en el sentido de día-bolo, lo que enfrenta) .

Curiosamente al Credo cristiano, se le llama el Símbolo de la fe; es decir, aquello que es signo de unidad. Por eso, no cualquier "credo" es un buen símbolo.

Esto debía tenerlo claro Jesús, según cuenta el relato del evangelio de hoy. Debía haber seguidores de Jesús en la primitiva comunidad que vivían al margen de la comunidad. Seguidores de Cristo, sí, pero por libre. Jesús no ve nada malo en eso. 

Traído el texto al hoy de nuestra vida, quizás nos haga caer en la cuenta de que desde el comienzo de la Iglesia, la comunidad de seguidores de Jesús siempre ha superado al círculo más institucional u oficial de discípulos. 

Reducir la iglesia a la Iglesia instituida es como poner puertas al campo. Se puede hacer, desde luego, pero es absurdo gastar tiempo y energía en eso.

Es mucho más sensato vivir cada día con la actitud agradecida de valorar los frutos, donde uno ni siquiera suponía siembra. Sólo una mirada contemplativa, serena y acogedora es capaz de tal descubrimiento.

Cuando uno mira así, descubre a pocos enemigos, y la vida se vuelve cada día un pequeño regalo porque "el que no está contra nosotros, está por nosotros".



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