Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL MARTES 23 DE ABRIL. SEMANA DE PASCUA

EVANGELIO DEL MARTES 23 DE ABRIL. SEMANA DE PASCUA


EVANGELIO
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»
Juan  20, 1.11-18

COMENTARIO

Es difícil de entender el testimonio de esta primitiva comunidad que pone en boca de Jesús esta "suerte" de elitismo sobrenatural: "no me toques que todavía no he subido al Padre"

Sí, ya se que tiene su explicación teológica, eso de que la vida resucitada es "intangible", pero ni lo entiendo ni probablemente lo comparta.


Creo que fue una manera de decir que la experiencia de Dios, sobre todo, es una experiencia interior. Es como si en el recuerdo de la primitiva comunidad estuviera   la certeza de que a Dios no hay que buscarlo en los signos externos, al estilo fariseo, sino en la vida interior, que fecunda toda la vida, que siembra la historia de la memoria del crucificado.



En el fondo, como humanos que somos, queremos incluso apoderarnos de Dios. No se quien me decía que, cuando somos bebés, una de las primeras cosas que hacemos es cogerlo todo. Es el instinto que nos llama a identificar todo, cosificarlo y adueñarnos de todo. Pero Dios dice, "no me toques". 



En el fondo es una nueva lección desde la memoria del maestro de Galilea. Magdalena no había entendido que todo lo que Jesús era, ya estaba en lo más hondo de su corazón. No había necesidad de apresarlo, porque Él ya se había hecho cautivo de cada corazón humano. Y ahí estaba. Y ahí está.




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