Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL JUEVES 23 DE MAYO. SEMANA 5ª DEL TIEMPO DE PASCUA.

EVANGELIO DEL JUEVES 23 DE MAYO. SEMANA 5ª DEL TIEMPO DE PASCUA.

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.»


Juan   15, 9-11


COMENTARIO

Es curioso ver cómo Jesús fue sometiendo a un proceso de destrucción determinados atributos del dios judío, que convertido en ídolo, algunas sensibilidades religiosas se habían encargado de favorecer. 

El Dios de Jesús es el “labrador” de la viña, sólo eso, permanentemente sujeto a su cuidado y a su trabajo, y que probablemente, como propietario de la viña, tenga incluso el miedo propio de las intemperies que le acechan: lluvia, plagas… Es un Dios vulnerable, porque el amor, aún pudiéndolo todo, nos hace vulnerables.

Pues bien, junto al Dios labrador, hoy se nos revela “el Dios de la sonrisa”; bueno, para ser más exactos, el Dios de la alegría. Hoy San Juan ronda lo “estupendo” y coloca en Dios un atributo que ni el más pío de los judíos se hubiera encargado de pronunciar.

Por si fuera poco, además, Jesús vincula el “antiguo cumplimiento de la ley” –lo que el llama “guardar su palabra”- con la alegría. Es como si Jesús diera por finiquitada la sensibilidad del “Bautista”, justa... pero rigurosa y rancia, y comenzara así una nueva manera de relación entre el ser humano y Dios. 

Yo me imagino a Jesús diciendo: “dejémonos de miedos y disfrutemos del Padre”. Ciertamente, ya lo había insinuado en muchos momentos de su vida. Ahora, San Juan, lo expresa con una honda convicción. 

Esta “sensibilidad” tiene una derivada evangelizadora tremenda: ¿cómo es el anuncio que hacemos del evangelio de Jesús? El anuncio ha de ser un evangelio "alegrado". 



Sólo un matiz más, la palabra alegría, en su origen  latino ("alacris") significa algo así como "poner alma", "ser vivaz" en lo que somos y hacemos. 

Alegría, por tanto, no es la sonrisa facilona o la carcajada hiriente, sino la capacidad de entusiasmarnos con la propuesta de vida que anunciamos porque en ello nos va el alma y la vida.

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