Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL VIERNES 19 DE JULIO. SEMANA 15ª DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL VIERNES 19 DE JULIO. SEMANA 15ª DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO
Un sábado de aquéllos, Jesús atravesaba un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.» Les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes presentados, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa "quiero misericordia y no sacrificio", no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»
Mateo  12, 1-8



COMENTARIO

El "fariseo" es algo más que un personaje bíblico; se trata de un perfil humano de todos los tiempos. Es un tipo de persona triste y amargante. Lo que ocurre es que el fariseo siempre parte de una especie de supremacía moral que se da a sí mismo. El fariseo todo lo hace bien y juzga lo que está bien o mal en los demás. Cuando te encuentras con un tipo de esos es muy difícil vivir con trazas de felicidad.

Pero la personalidad de los fariseos es atrayente. En el fondo nos encontramos ante una persona insegura. Podríamos pensar que una persona insegura, lo normal, es que se vuelva temerosa, retraída y un un tanto cobarde. Efectivamente, ejemplos hay de ello.

Pero los fariseos generan un perfil personal distinto. Su inseguridad (ante Dios o ante los demás), les reactiva en su interior un mecanismo de defensa que les permite pasar al ataque. Y su estrategia es clara, critican de los demás aquello de los que ellos adolecen. Y así, si no son felices, cuestionan la felicidad de los demás; si no son libres, critican la libertad de los demás; si no son misericordiosos, enjuician la misericordia de los demás.

Los fariseos, nunca ganan, y siempre sufren. El problema es toparte con ellos y caer en sus redes. Te amargan la vida porque te acaban convirtiendo en otro fariseo más; ante ellos no cabe otra estrategia.

De ahí que el evangelio de hoy nos dé la pista de una solución: la misericordia. Sólo la misericordia, es decir, sólo la capacidad para ponerte en el lugar del otro, y comprenderlo, permite salir de esa cárcel del  permanente juicio, que encarcela el afecto y la libertad de los demás.





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