Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL MARTES 28 DE ENERO. SEMANA 3ª DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO DEL MARTES 28 DE ENERO. SEMANA 3ª DEL TIEMPO ORDINARIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»
Les contestó: «¿Quienes son mi madre y mis hermanos?»
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»
Marcos   3, 31-35

COMENTARIO

Que el judaísmo en tiempo de Jesús tenía comportamientos típicos de 
una secta nadie lo pone en duda. Considerarse “pueblo elegido” a costa de otros lo expresa con rotunda claridad. 

Que la familia de Jesús participaba de esta convicción cultural y religiosa es evidente. El evangelio de hoy así lo revela; cuando se dan cuenta de que Jesús está revolucionando el “ideario” religioso del momento van en su busca para re-introducirlo en los límites y seguridades de “su familia”. 

El problema es que Jesús les “hace frente”: “estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”.

Y con eso actitud Jesús realiza una “ruptura que que crea una nueva fraternidad”. Jesús es especialista en estas rupturas. Rompe con el imperialismo despótico de la Ley judía; rompe con el sectarismo del Templo de Jerusalén, y rompe con la dictadura y la tiranía de los afectos “familiares o de grupo” que tienen generalmente una capacidad de manipulación tremenda. 

Y Jesús, rompiendo, crea una fraternidad mas amplia, más plena y más humana, en la que la libertad y la apertura resultan sanadoras y saludables. Y por eso, a pesar de que las intemperies sean incómodas, las rupturas  son un precio que hay que pensarse.

Hoy es un buen día para detectar comportamientos sectarios en nuestros alrededores religiosos, familiares, afectivos y poner nombre a las rupturas que hemos de realizar. 

Todo ello por un fin bueno: cumplir la voluntad de Dios o lo que es lo mismo construir, testimoniándolo personalmente, el proyecto del Evangelio.



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