Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL JUEVES 26 DE MARZO. SEMANA 4ª DEL TIEMPO DE CUARESMA.

EVANGELIO DEL JUEVES 26 DE MARZO. SEMANA 4ª DEL TIEMPO DE CUARESMA.


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: - «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. 
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. 
Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?»

Juan   5, 31-47

COMENTARIO

El texto del evangelio de hoy es durísimo. Ya no estamos hablando de parábolas bucólicas que  expresan, por comparación, la indiferencia, la terquedad o la negligencia de la clase dominante del clero judío.  

En este caso estamos ante una acusación directa de Jesús a los dominantes religiosos de su tiempo. Y la acusación se ofrece sin disimulo por parte de Jesús: “sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?”


Jesús, en el nombre de Dios, viene a desmontar a la casta judía del momento que se consideraba intocable (“vosotros, que aceptáis gloria unos de otros”), y a quien viene con esas ínfulas se le rechaza porque no es coherente con la “defensa” de los propios intereses. Por eso mismo no aceptan el testimonio de Jesús. 

Y Jesús, lejos de amilanarse, se crece y se coloca incluso más arriba que Moisés (“Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él”).

A la luz de esta lectura del texto el aviso para navegantes es al mismo tiempo sutil y contundente: auscultemos nuestro corazón, no sea que más que amor existan “distracciones” que nos alejen de la única razón de vivir que nos ofrece el nazareno: entregar la vida, entregándote por amor.










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