Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL LUNES 3 DE MAYO. SEMANA 5 DEL TIEMPO DE PASCUA

EVANGELIO DEL LUNES 3 DE MAYO. SEMANA 5 DEL TIEMPO DE PASCUA

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

Juan   14, 1-12

COMENTARIO

Incapacitados para el presente parecían Tomás y Felipe. Ellos no podían ver en Jesús una manifestación del Padre. Jesús era la partitura desde la que se podía escuchar la melodía de Dios.

Tomás no parece identificar los caminos andados por Jesús, las verdades dichas a través de sus palabras y las vidas re-engendradas de tantos que se cruzaron en su camino, como una señal de que Dios estaba muy cerca de ellos.

Y Felipe necesitaba una enésima prueba de lo divino, una señal que mostrara al Padre. Ante aquel que es el "signo" por excelencia, Felipe pide una "muestra" del Padre. 

Tomás y Felipe son, por tanto, el prototipo de personas que no saben identificar y valorar el presente que tienen delante.

Cuando traemos el evangelio al hoy de nuestra vida, caemos en la cuenta de cómo aquella ceguera vital de ambos discípulos se repite en las micro- historias personales de todos los tiempos.

Una de las mayores cegueras sociales que atraviesa nuestras culturas es no valorar el presente. La personas somos presente, no tenemos nada más. Ese es nuestro tesoro. Los paraísos pasados y futuros se inscriben en lo que nuestra vida tiene de memoria y de anhelo. Pero es el presente lo que cada día nos regala la vida.

Hay presentes placenteros y presentes contradictorios. Hay presentes transitivos que posibilitan expectativas ilusionantes, y hay presentes contradictorios con los que nos cuesta cargar. 

Pero todos los presentes son la partitura  de la Gran Melodía.

Tomás (el incrédulo) y Felipe (el megalómano) no podían imaginar que en el presente de aquel ser tan concreto, Jesús de Nazaret, residiera el sentido más grande de la historia.

Esto nos pasa también a nosotros hoy: en medio de este mundo concreto, que en no pocas ocasiones aparece como crucificado, nos cuesta identificar la tarea de sentido que llevamos entre manos.

Vivir resucitados es romper el techo de nuestras quejas y lamentos («Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»), y dejarnos de presentes imposibles («Señor, muéstranos al Padre y nos basta».).

Vive, encárgate de la vida y mejórala. Esto hizo el Nazareno. Y por aquí pasa nuestra fe en Él.


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