Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL LUNES 26 DE OCTUBRE. SEMANA 30 DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO DEL LUNES 26 DE OCTUBRE. SEMANA 30 DEL TIEMPO ORDINARIO.

EVANGELIO
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»
A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Lucas   13, 10-17
COMENTARIO

El evangelio de hoy, más que la narración de un milagro, es la crónica de una “provocación” en toda regla por parte de Jesús. Lucas, lanzó un dardo peligroso al lugar sagrado del judío -la sinagoga-, y al tiempo sagrado por excelencia -el “sábado”-.

 

La escena es “chocante” y “descarada”. Una mujer poseída (atada por Satanás), en la sinagoga (cosa improbable a todas luces dada su impureza), y que es curada en sábado (que estaba prohibido hacerlo según la Ley).

 

Lucas añade más dramatismo. El número dieciocho tiene para los judíos una significación especial. La gran oración judía, el Shemá (como nuestro Padre Nuestro, más o menos) era el rito con el que se iniciaba la oración,  al que le seguían dieciocho bendiciones, llamadas “beraká”. Este es el escenario.

 

Lucas, muy sutilmente, nos presenta a un Jesús que descubre la auténtica ligadura que ata a la mujer. La auténtica cadena de esa mujer es una Ley judía que los asfixia tanto, que los deja encorvados. Se vuelven esclavos de la leyy llegan a poner su confianza en ellos mismos, pues se quieren salvar por el cumplimiento de normas y preceptos. 

 

Cuando Jesús declara que esta mujer lleva dieciocho años enferma, está enviando un mensaje subliminal al jefe de la sinagoga, dándole a entender que todo su culto y toda su oración (las 18 bendiciones), si no liberan al ser humano de su enfermedad, si no le ayudan a ser feliz, es un culto satánico. Directamente Jesús está llamado “Satanás” a los fariseos y a todos aquello que hacen del cumplimiento externo de la Ley el único culto posible.

 

Con esta curación que ocurre en sábado podemos suponer que el fardo que mantenía encorvada a esta mujer, como al judaísmo, era la legislación y sus tradiciones humanas que habían llegado a ser una carga intolerable.

 

El riesgo de la Palabra de Dios es “su interpretación”. Bien podríamos preguntarnos hoy cuantas leyes y preceptos de nuestra religión (ahora) nos encorvan y nos impiden “vivir con sensatez” nuestra experiencia de fe. 

 

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