Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL MIÉRCOLES, 4 DE NOVIEMBRE. SEMANA XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES, 4 DE NOVIEMBRE. SEMANA XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 EVANGELIO

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
Lucas   14, 25-33

COMENTARIO

En el modo de pensar del judaísmo abrahámico los que tenían familia (descendencia) y tierra (tierra prometida) eran bendecidos por dios; los demás eran “malditos”. El destierro y la esterilidad era maldición. Así las cosas, familia y tierra vendrían a ser para los judíos elementos no pocas veces idolátricos.

 

Jesús, por tanto, en el evangelio de hoy invierta el catálogo de bendiciones judías y viene a decir que aquellos que han puesto su confianza en la “familia” y en la “tierra” (posesiones-riquezas), son los malditos, es decir son los que no son dignos de ser discípulos de él. 

 

Los auténticos discípulos de Jesús son aquellos a quienes la religión oficial judía declara como malditos: los que no tienen familia (del linaje de David) y los que no han heredado la tierra prometida (los paganos de entonces). 

 

Cuando traemos el texto al hoy de nuestra vida, nosotros no podemos pensar que el maestro de Galilea nos está diciendo que dejemos a su suerte a nuestra familia, y nos embarquemos en una nave evangelizadora que nos coloque en el papel de protagonistas heroicos del anuncio evangélico. 

 

Cuando re-codificamos culturalmente este texto la pregunta es qué elementos tiene nuestro entorno que genera situaciones excluyentes como en otro tiempo las generaba la “familia” y la “tierra” judía. 

 

Probablemente cada uno de nosotros tengamos que hacer nuestra lista de “exclusiones”, es decir, la lista de cosas que  hemos de (posponer) si queremos intentar un seguimiento digno del maestro de Galilea.

 

Y aquí, el catálogo es tan personal como lectores tenga el blog. Todo el mundo alberga en su interior una lista de sentimientos, ideas, manías, cabezonerías, intransigencias.... que no pocas veces  los hacemos centro de nuestra vida y nos ciegan.

 

Nuestra capacidad autocrítica de ponernos sobre aviso de estas idolizaciones existenciales que tanto nos deshumanizan.

 

Ciertamente el mensaje de hoy es muy exigente, pero muy realista si queremos devolver cordura a las locuras de nuestro mundo. 

 

La invitación de Jesús (con las imágenes de la torre y de la batalla) a “calcular” nuestras fuerzas para tal empresa, es una llamada al realismo paciente a la hora de ir afrontando nuestra fidelidad al evangelio.

 

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