Parroquias de Alcadozo y Liétor: EVANGELIO DEL DOMINGO 5 DE SEPTIEMBRE.

EVANGELIO DEL DOMINGO 5 DE SEPTIEMBRE.

 



EVANGELIO
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
–Effetá (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
–Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Marcos  7, 31-37

COMENTARIO

Sorda y muda era la realidad que estaba propiciando el judaísmo de la época de Jesús. Cerrada en su mundo de ritos vacíos y de normas caducas, era incapaz de hablar el lenguaje de la gente y la religión vivía en la más desastrosa experiencia de incomunicación: no tener nada que atender y no tener nada que decir


Una religión in-comunicada, se convierte en una secta. La in-comunicación pervierte a las religiones porque las convierte en depósitos caducos de mensajes inservibles. La respuesta de Jesús sólo puede consistir en decir: "¡Ábrete!"


Es verdad que lo hace en una razonable proceso re-creador. Siete pasos (como siete son los días de la creación) son lo que nos narra la actuación del galileo con el sordo de hoy: "apartarlo de la gente" (darle espacio), "meter los dedos en los oídos" (abrir canales de encuentro), "con la saliva le tocó la lengua" (devolver la fluidez perdida), "mirar al cielo" (saberse parte de un todo inclusivo), "suspiró" (ofrecer un aliento solidario para re-comenzar el camino), "ábrete" (devolver la confianza para salir fuera)... y sólo entonces "se le abrieron los oídos.... y hablaba sin dificultad" ( re-comenzar a vivir).


No tener nada qué decir, no saber qué decir, no querer decir, o no poder decir es el inicio de un proceso de incomunicación que nos hace in-significantes. 


Una religión que quiera seguir siendo fiel a la intuición del Maestro de Galilea tiene que "abrirse" o "dejarse abrir" por dicho mensaje, "atreviéndose a oír" y, sólo después, "proponiéndose hablar". 


Si no lo hacemos así, además de incomunicados seremos mediocres, es decir nos quedaremos a mitad de camino del "buen decir"; o dicho en palabras de Tolstoi: nos asemejaremos a "sordos que contestan a preguntas que nadie hace".

 




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