Parroquias de Alcadozo y Liétor: 2022

EVANGELIO DEL SABADO 23 DE JULIO. DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO


En el texto del evangelio de este domingo leemos aquel encuentro de Jesús con Marta y María (Lucas 10, 38-42). La primera, afanada con los quehaceres de la acogida del Maestro, contrasta con la segunda, atenta en la escucha de Jesús.

 

El contexto más adecuado para encuadrar este texto es la ley judía sobre la hospitalidad. El judaísmo tenía algo así como una un estatuto del huésped. Marta probablemente no haga otra cosa más que aplicar dicho estatuto a Jesús. Pero el texto parece advertir que el exhaustivo cumplimiento de la ley de la hospitalidad, puede oscurecer el aprendizaje novedoso que trae consigo el huésped. 

 

Marta, en el estricto cumplimiento de sus deberes religiosos, tiene los ojos cerrados ante la nueva y buena noticia de la que es protagonista Jesús. María, sin embargo, es sensible a dicha presencia y a su buena nueva. El escenario, por tanto, es magistral y perfecto para llegar a la conclusión que Lucas nos sugiere: Marta representa el antiguo judaísmo, caduco y sordo; María representa el nuevo pueblo y discipulado que inaugura Jesús. Para Jesús, antes que el estricto cumplimiento religioso y ritual está la escucha atenta y fundante.

 

Muy probablemente un judío de orden en aquel tiempo pondría en cuestión la actitud de María. Por eso, el gesto contracultural de incumplir esa práctica sagrada de la hospitalidad, sitúa paradójicamente a María frente a los perdedores del sistema. Por eso, Jesús le dice que ha cogido la mejor parte; sin duda, una parte que compartiría con publicanos y pecadores, a todas luces los preferidos del Dios de Jesús. 

 

Cuando traemos el texto al hoy de nuestra vida, quizás nos ponga sobre aviso del eterno conflicto entre dispersión y atención. Marta es un icono de la dispersión, María de la atención. Lo ideal es que ambas características del ser humano se den juntas para no caer en el ensimismamiento que deriva en egoísmo, ni en la extroversión que deriva en desfondamiento.

 

Si aplicamos, por otra parte, estos perfiles bíblicos de Marta y María a la tarea evangelizadora de la Iglesia, tengo la sensación de que nos ofrece un buen marco de referencia sobre nuestro actuar en tal sentido. 

 

Una Iglesia alejada de su misión (dispersión) y demasiado contempladora  del misterio (atención), no deja de ser una deformación que roza el culto vacío y la siempre resultona idolatría del creer con brillo pero sin iluminar. Pero no es menos peligrosa, una iglesia obsesionada por su visibilización pública y embarcada en un hacer sin centro (dispersión), y que no tiene tiempo para centrarse en aquello que cambiar, convirtiéndose en una marioneta movida por los hilos caducos del pasado, aunque con las vestimentas de una cultura pseudo-actual, a la que no fecunda ni transforma (atención).

 

Este texto, por tanto, es una buena oportunidad para que nos preguntemos, como evangelizadores que somos, qué ofrecemos a nuestros huéspedes de hoy. ¿Ofrecemos un hacer alocado de brillante superficialidad pero que no llega a calar las entrañas de las personas? ¿Ofrecemos prisa y nerviosismo? Si estamos en estas, no hemos avanzado mucho más allá de ese judaísmo caduco que cuestionaba Jesús.

La provocación del Maestro de Galilea consiste en el milagro de un encuentro, donde alguien tiene algo que decir y alguien tiene algo que escuchar. Entonces la prisa no cuenta, el tiempo no se mide, las distancias no separan y los espacios se acortan. Como demandantes de sentido en estas sociedades enredadas, es grato encontrarte con alguien que tiene algo que decirte. Y como dadores de sentido, es bueno invitar a la calma, saberse agraciado por sentirse acogido, y saberse escuchado en-centrados en la memoria de Aquel que todavía hoy tiene palabras de vida plena.

 

Quizás por eso, el Papa Benedicto vinculó de un modo tan notable la verdad de la vida con el ejercicio de la caridad, cuando afirmaba que "en la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad sería ciega; la verdad sin caridad es como un címbalo que tintinea".

 


EVANGELIO DEL DOMINGO 26 DE JUNIO. SEMANA 13 DEL TIEMPO ORDINARIO.

 


EVANGELIO
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.
De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: –Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?
El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno:
–Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
–Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
–Sígueme.
El respondió:
–Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
–Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo:
–Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
–El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.

Lucas  9, 51-62

EVANGELIO DEL MARTES 21 DE JUNIO. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Mateo  7, 6.12-14


EVANGELIO DEL DOMINGO 19 DE JUNIO. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO.

(*)

EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle:
–Despide a la gente que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado.
El les contestó:
–Dadles vosotros de comer.
Ellos replicaron:
–No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. (Porque eran unos cinco mil hombres.)
Jesús dijo a sus discípulos:
–Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.
Lo hicieron así, y todos se echaron.
El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

Lucas   9, 11-17


EVANGELIO DEL SÁBADO 18 DE JUNIO. SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO

 



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos como crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »
Mateo   6, 24-34

EVANGELIO DEL VIERNES 17 DE JUNIO . SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO

 




EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! »


Mateo   6, 19-23

EVANGELIO DEL JUEVES 16 DE JUNIO. SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO.


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Mateo 6, 7-15

EVANGELIO DEL MARTES 7 DE JUNIO. SEMANA 10 DEL TIEMPO ORDINARIO

 



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Mateo 5, 13-16
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