Parroquias de Alcadozo y Liétor

SÓLO 1 MINUTO


DISCUSIÓN ENTRE LA LUNA Y EL SOL
Todos sabemos que la Tierra efectúa cada año una órbita alrededor del sol, y que la Luna gira alrededor de la Tierra. Esta fábula nos explica que hace muchos años el Sol y la Luna vivían juntos, pero un día tuvieron una discusión muy fuerte, y el Sol empezaba a vanagloriarse de ser la criatura más necesaria del Universo. 
- Yo soy el ser que más servicio hace al mundo. Ayudo los hombres a los trabajos del campo, doy calor a los animales, a las plantas y a los árboles. Si tardo en salir, los hombres se quejan, los animales y los insectos se ponen nerviosos, y en la Tierra sólo hay tristeza. En cambio tú, Luna, ¿qué es lo que haces? Tu luz no sirve para nadie. Los hombres ni siquiera saben que existes.
- Tú lo que quieres es provocarme, decía la Luna. Yo también tengo luz, e ilumino la Tierra, pero sin quemarla, como tú haces.
- Si tú faltases un día, nadie se daría cuenta, y todo seguiría igual, dijo el Sol. Haremos una prueba: que cada uno de nosotros demuestre de lo que es capaz. Si me ganas, te dejaré mi lugar.
Entonces el sol envió a la Tierra el doble de luz y de calor, y pronto se oyó cómo todo el mundo se quejaba, porque todo se estaba abrasando. Personas y animales corrían a buscar agua y sombra, porque el calor se hacía insoportable. La Luna se había vuelto pálida y casi invisible, intentaba evitar la acción del Sol, pero era incapaz. El Sol había ganado, sin duda.
Entonces el Creador se compadeció de la Luna, y para que su existencia tuviera una finalidad, le dijo que se encargara de iluminar la Tierra durante la noche. De esta forma, personas y animales se podrían mover por la Tierra durante la noche. Desde entonces, los dos astros están lejos el un del otro, cuando sale el Sol se esconde la Luna, y cada uno se preocupa de su tarea. 

También entre las personas puede pasar igual: pueden vivir en paz solamente cuando cada uno hace bien lo que tiene que hacer, cuando uno no está pendiente de usurpar el lugar del otro, sino que está únicamente pendiente de llevar adelante su responsabilidad.

EL EVANGELIO DE HOY



MARTES,  3 de enero
EVANGELIO
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifes- tado a Israel”. Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.


COMENTARIO

Cuando celebramos la eucaristía, poco antes de la comunión, exclamamos por tres veces: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo...”. Tal vez nunca o casi nunca nos hemos detenido a reflexionar el contenido de ésta extraña expresión: llamamos “cordero de Dios” a Jesucristo y le atribuimos la capacidad de quitar “el pecado del mundo”...
El pueblo de Israel estaba familiarizado con imágenes de cabritos y corderos rituales: En el tiempo en el que era nómada, existía el ritual del «cabrito expiatorio»; un cabrito al que se cargaba simbólicamente con todos los pecados del clan, para luego abandonarlo por el desierto con la esperanza de que con él, desaparecieran los peca- dos y defectos.
En el templo de Jerusalén se sacrificaban (degollaban) diariamente dos corderos en el sacrificio de la tarde. Estos dos corderos eran inmolados para expiar y borrar los pecados del pueblo de Israel. También existía el cordero pascual, al que se sacrificaba y comía en cena ritual duran- te la noche de Pascua.
Es probable que los primeros cristianos, al equiparar a Jesús con el «Cordero de Dios», estén pensando en un texto de Isaías 53,7 en el que se habla del Mesías como Siervo de Yahvé. Este «Siervo de Yahvé» llevará los pecados de su pueblo, sufrirá con sus gentes, asumirá los defectos de los suyos... y será llevado al matadero, como un cordero, sin abrir la boca. Valiéndose de la imagen del Siervo de Yahvé, las primeras comunidades cristianas expresan quién es Jesús para ellas. ha comenzado Jesús su ministerio y ya el profeta Juan Bautista anuncia que Jesús de Nazareth será entregado como un cordero inocente para librarnos de nuestros pecados. La fe cristiana recurre a esta imagen para expresar la misericordia de nuestro Dios, sencillo y cercano a las personas. La expresión «Cordero de Dios» nos recuerda aquellas palabras pronunciadas por Jesús: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón»

SÓLO UN MINUTO

EL TIEMPO


Un individuo iba paseando por el campo y se encontró con un pastor. Para iniciar una conversación con él, lo saludó y le preguntó: “¿Qué tiempo cree que tendremos hoy, buen hombre?”. Y el pastor le contestó: “El tiempo que yo quiero”. El otro, lógicamente, se quedó extrañado de la respuesta y le dijo: “¿Y como está tan seguro de que hará el tiempo que usted quiere?”. Y aquí el pastor le explicó su teoría: “Mire; cuando me di cuenta de que no siempre puedo tener el que quiero, aprendí una cosa que siempre me ha sido muy útil: querer siempre el que tengo. Por esto estoy tan seguro que hará el tiempo que yo quiera”. 

EL EVANGELIO DE HOY


LUNES,  2 de enero

EVANGELIO
Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías». Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el Profeta?”  Respondió: “No” Y le dijeron: “¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?” Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías». Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
COMENTARIO

El Evangelio de hoy nos presenta el testimonio de Juan Bautista, un profeta contemporáneo a Jesús, a quienes muchos confundieron con el Mesías esperado. Cuando le preguntaron sobre su propia identidad, en nombre de las autoridades religiosas de su tiempo, Juan Bautista no vaciló en afirmar categóricamente que él no era ni el Mesías, ni algún profeta vuelto a la vida, sino la humilde voz que clama para que las personas abran caminos a la presencia de Dios
Juan Bautista se apartó muy pronto de las enseñanzas de la secta de Qumrán y otros eremitas del desierto con los que se había criado seguramente desde los cinco años. Comenzó a predicar como un profeta. Llevaba el «manto de pelos de camello» propio de los profetas. Y se alimentaba de lo que podía obtener en el desierto por sus medios: «saltamontes y miel silvestre». Esta expresión significa que quien vive de esta forma, no acepta ni pan ni regalos, para no estar en deuda con nadie y mantener la libertad. Así habían hecho los profetas más austeros del Antiguo Testamento. La descripción que hace el evangelio de Juan Bautista es la que se hace del gran profeta Elías en los textos del Antiguo Testamento.
Aunque el bautismo fue un rito practicado con profusión en el antiguo Oriente, Juan Bautista lo asume como signo para expresar un cambio de vida. Los discípulos de Juan Bautista, eran sumergidos primeramente en el agua del Jordán, luego proclamaban públicamente sus pecados y Juan Bautista les indicaba qué debían hacer para mejorar su vida. Jesús de Nazareth aceptó este Bautismo, y Juan vio en él al futuro Mesías. Los cristianos debemos aprender la lección de Juan Bautista: No debemos interponernos entre Jesús y los humildes hermanos suyos que esperan su palabra y su liberación. No debemos pretender ser los protagonistas. Debemos ser simplemente la voz humilde que anuncia la buena noticia de Jesús.