Parroquias de Alcadozo y Liétor

ESCUELA BIBLICA 3




¿QUIÉN SE ATREVE A PONERLES NOMBRE?


Al hilo de los textos evangélicos que hemos leído diariamente, conforme hemos empezado el escrito de San Marcos en la lectura ordinaria y cotidiana de la Eucaristía, iba cayendo en la cuenta un año más de cómo son siempre los mismos, leprosos, endemoniados, enfermos.... todos ellos,... el inmenso ejército a quienes Jesús coloca al frente de su proyecto. Todos tienen en común algo, a saber, no había sitio para ellos ni en el Templo ni en la Ley de los judíos de su tiempo. Templo y Ley, poder ejecutivo y legislativo del tiempo de Jesús, vivían ensimismados en su problema de productividad “espiritual”. Y dicha “productividad” no sólo era incapaz de integrar a los des-hechos por el “sistema”, sino que justificaban su marginalidad por el bien de todos los demás. ¿Quienes son en el siglo XXI los des-hechos? No parece difícil la respuesta. La realidad se encarga de evidenciarlo cada dia. Los deberes de esta semana quizás podrían consistir en descubrir entre todos quiénes son “la ley y el templo” de  nuestra sociedad. Ley y templo que, no exentos de cinismo, siguen necesitando de las “víctimas” de la productividad para poder exhibirse con solvencia como garantes de un mundo “ajustado y ordenado”

Fco. Jesus Genestal Roche

SÓLO UN MINUTO, 25 DE ENERO


MÁS SOBRE LA CRÍTICA




Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que éste había alcanzado.
Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:
—Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo, ¿cómo puedo hacerlo?
A lo que el hombre respondió:
—Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una en cada lugar donde vayas.
El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.
Volvió donde el sabio y le dijo:
—Ya he terminado.  A lo que el sabio contestó:
—Esa es la parte más fácil.  Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste.  Sale a la calle y búscalas.
El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.  Al volver, el hombre sabio le dijo:
—Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.

EL EVANGELIO DEL 25 DE ENERO

MIÉRCOLES. La Conversión de San Pablo




EVANGELIO

Se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará, el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nue- vas, agarrarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».


COMENTARIO


Nunca pasa desapercibida la fiesta de la Conversión de San Pablo. San Pablo fue un explorador. Él hizo en su propia historia lo que después convirtió en trabajo evangelizador para la Iglesia de Jesús.


Como veíamos el domingo pasado, Pablo se puso en camino hacia la tierra “gentil” que había dentro de su corazón. Era judío, desde luego, pero tan lleno de ley que no le cabía Dios. Por eso "se hizo" gentil..., porque no le cabía Dios en su vida. ¿Quién convirtió a quién...el judio al gentil o el gentil al judío?

Sólo cuando él hizo la experiencia de la gentilidad, se desenredó de la ley y comenzó a caminar, admitió al Padre como compañero y caminante junto a él.

Y Pablo, explorando su corazón, aprendió a explorar otras tierras, otras maneras de transmitir la experiencia de Dios.  Buen testimonio el de este hombre, que nos pone sobre aviso del riesgo de convertirnos en exploradores de la nada si antes no nos hemos llenado del Todo en nuestra vida.

La misión empieza en nuestro propio corazón, nos hace humildes y nos prepara para el viaje. Y siempre con los dos instrumentos  que, como armas de la fe, incorporó Pablo a su persona: la fidelidad y la libertad. No pueden ir una sin la otra, son el anverso y el reverso, las dos caras de una moneda; libertad, como el valor que mejor define la dignidad del ser humano, y fidelidad, como la grata experiencia de saberse referido a Alguien que es garantía de nuestra verdad