Parroquias de Alcadozo y Liétor

SÓLO 1 MINUTO, 2 DE FEBRERO


EL VUELO DEL HALCÓN


Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasado unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro, no sabía que le sucedía pues no se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día que llegó.
El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar.
Al día siguiente el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a  la persona que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey le dijo a su corte:
Traedme al autor de este milagro.
Su corte le llevó a un humilde campesino. El rey le preguntó:
¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un mago?
Intimidado el campesino le dijo al rey:
 Fue fácil, mi Señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta de que tenía alas y se largó a volar.

EL EVANGELIO DEL 2 DE FEBRERO

JUEVES



EVANGELIO
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba. 
Lucas 2, 22-40

COMENTARIO

Todas las personas pasamos por un “tiempo de ángeles”; entonces la vida nos viene de cara y todo parece perfecto. Tenemos la sensación de que todo funciona bien y los “conflictos” que existen a nuestro alrededor no tienen que ver con nosotros.

El nacimiento de Jesús es un “tiempo de ángeles”, así nos lo narra Lucas en el anuncio a los pastores.

Pero el “tiempo de ángeles” también acaba y la esperanza ha de empezar a construirse desde el día a día. El evangelio que hoy leemos ésa es la pista que nos da.

Simeón y Ana no eran ángeles, eran ancianos que llevaba toda la vida esperando al Mesías. Como dice el refrán, “encontrar” es cuestión de un instante, “buscar” lo es toda la vida. Simeón y Ana buscaron durante mucho tiempo. Al final de sus vidas encontraron al Mesías. ¿Será esto un signo de que sólo cuando atravesemos la vida del todo seremos capaces de dar sentido a nuestras búsquedas, a todos nuestros pasos....? ¿Será ese el gran hallazgo de nuestra vida?

Hombres y mujeres estamos llamados a buscar el sentido de nuestra historia, nuestra tarea, nuestra vida .... con “rumores de ángeles” o sin ellos. Por eso, el evangelio de hoy es una llamada a desear, anhelar, caminar. No hay otra manera de expresar la fe. No hay otra manera de ser creyente.



CALENDARIO DE JUNIO



SÓLO 1 MINUTO, 1 DE FEBRERO



LA TENTACIÓN DE TREPAR

Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
 Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.
 — ¿Cómo estás, amigo roble?, preguntó una mañana la hiedra.
 —Bien, mi amiga, contestó el roble.
 —Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura —agregó la hiedra con mucha ironía—.
  Desde aquí se ve todo tan distinto.  A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio.
 —No te burles
, amiga —respondió muy humilde el roble—. Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza.
 Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.
 Y el tiempo siguió su marcha.  El roble creció con su ritmo firme y lento.  Las paredes de la casa envejecieron.
 Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible.  El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido.  La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
 Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble.  Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
Mientras tanto el roble reflexionaba:
—Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros.