Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DEL 20 DE MARZO

MARTES



EVANGELIO
Se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Bethesda. Ésta tiene cinco pórticos, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice. “¿Quieres quedar sano?” El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua. Para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».
Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar». Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedando sano: «Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».
Él les contestó: “El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar”.
Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?» Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel
sitio, se había alejado.
Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: “Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor”. Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Juan 5, 1-16
COMENTARIO
El milagro que recoge el texto hay que situarlo en un lugar de la ciudad de Jerusalén al que tenemos acceso por la arqueología: «La piscina probática». «Probática» hace referencia a «próbaton = oveja». Esta piscina se hallaba cercana a la «Puerta de la ovejas». Suministraba agua para servicio del Templo, y servía para lavar a las ovejas que iban a ser sacrificadas. El agua de esta piscina poseía propiedades curativas. Junto a esta piscina «probática» se han hallado los restos de un balneario, al que se denominó «Bethesda», que significa «Casa de Acción de Gracias o Misericordia» por las curaciones obtenidas.
El estanque era rectangular y medía unos 100 metros de largo. Estaba rodeado de un pórtico sostenido por esbeltas columnas de 8 metros de altura . Un muro de roca viva dividía la piscina en dos. Este muro de separación también tenía pórtico, por eso el evangelio habla de cinco pórticos. Se han hallado escaleras que
facilitaban el acceso al agua. El agua pasaba de la parte más alta del estanque a la otra. Cuando así ocurría, el agua se agitaba ligeramente. Creían los judíos que el agua se agitaba milagrosamente por la acción de un ángel que bajaba del cielo, y que el primero que la tocara quedaría curado.
Jesús encuentra a un hombre que ha vivido postrado largos años. Su enfermedad le impedía entrar en contacto con el agua curativa y no tenía dinero para pagar a un ayudante que le sumergiera: «No tengo quién me introduzca en el agua». Jesús, entonces, lo anima para que se incorpore y abandone el lugar. Aunque la liberación
de Jesús se ve amenazada por el legalismo de los fariseos, el hombre paralítico queda curado. Hay un dato simbólico muy significativo: El paralítico llevaba 38 años postrado en los pórticos sin que nadie le ayude a entrar en la piscina para recibir sus beneficios terapéuticos. Es extraño que se cite una cifra con tanta precisión. Se trata de un número simbólico. Todos los judíos sabían que 38 años es la cifra que da el libro del Deuteronomio (2,14) para indicar la generación de israelitas que salieron de Egipto y murieron sin entrar en la Tierra Prometida: El paralítico representa al Israel que nunca consiguió llegar a la Tierra Prometida. Es una figura representativa de todo el pueblo sometido y sin vida, descrito como una «muchedumbre». Es terrible la expresión del enfermo: «No tengo a nadie...»  Tocaría hoy detectar a las personas y a los acontecimientos que podrían repetir esa misma expresión: “No tengo a nadie”..”No tengo nada”