Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DEL 19 DE JUNIO

MARTES


EVANGELIO
Dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo’.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?
Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?
Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
Mateo 5, 43-48

COMENTARIO
«Amarás a tu prójimo». La primera parte de este dicho es una cita del libro del Levítico 19,18. La segunda parte «odiarás a tu enemigo» no forma parte de la escritura. Parece ser que fue una expresión introducida por los esenios, una especie de eremitas, refugiados en el desierto, que odiaban a los romanos y vivían al margen de todo contacto con el mundo político, social y religioso de aquella época.
Pero, ¿qué se entendía por «prójimo» en la época del AT y en tiempos de Jesús? Prójimo era tan sólo la persona de etnia judía que compartía la fe en Yahvé. Cierto que uno se hacía miembro del pueblo elegido cuando aceptaba la fe de Israel; pero, aun en ese caso, había ciertas reservas: quien no se convertía al judaísmo de una manera espontánea, y en el menor tiempo posible, no era un prosélito en el sentido pleno de la palabra, no era «prójimo».
Jesús elimina por completo la concepción antigua de «prójimo» al utilizar la fórmula más amplia que se puede utilizar en este campo: «Amad a vuestros enemigos» Lo que quiere decir esa formula es que todo el mundo es tu prójimo, y a todo el mundo tienes que amar. Cierto que también en el AT existía el precepto del amor a los enemigos; pero rara vez se llegaba a la enseñanza explícita sobre el tema, o la gente se contentaba con no sobrepasar la frontera negativa: «Si tu enemigo cae, no te alegres» (Libro de los Proverbios)
En un mundo marcado por la ansiedad y la violencia, los cristianos debemos ser signos de paz, serenidad y perdón, manteniendo los abrazos bien abiertos para hacer de cada ser humano, nuestro «prójimo», superando barreras étnicas y culturales. 

EL EVANGELIO DEL 23 DE MAYO

MIÉRCOLES


EVANGELIO

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»


Juan 17, 11-20
COMENTARIO


Jesús se preocupa de sus discípulos y por los problemas y dificultades que van a sobrevenirles en el futuro. De igual modo que él los guardó para que no se perdieran, y procuró que fueran
madurando como personas y como creyentes, siente también preocupación por ellos en este momento decisivo.
Cuando Jesús dice «mundo» está refiriéndose a las situaciones negativas de la historia: A la cizaña que crece mezclada con el trigo... Jesús tiene una visión muy realista de la humanidad. En su caminar ha encontrado situaciones de amor y sencillez, capaces de llenar de sentido la vida. Pero también ha tropezado con corazones endurecidos e hipócritas que se aupaban sobre las espaldas de los más pobres. Jesús fue bueno, pero no ingenuo.
Jesús indica a aquellos primeros cristianos, que no hay que eludir las situaciones negativas, sino que hay que hacerles frente, comprometiéndose en la transformación positiva de la realidad. Y ello tan sólo se consigue formando un grupo de creyentes unidos en lo esencial. Jesús les invita a vivir en unidad. Y las primeras comunidades salvaguardarán la unidad a pesar de ser muy distintas entre ellas.  
Pero el texto de hoy encierra una segunda enseñanza muy sutil: La dinamicidad.  Jesús no ve a su comunidad como un grupo estático, sumergido en la quietud mística del grupo integrista. Para Jesús, aquel grupo de discípulos es un grupo dotado de vitalidad. Así quiere que sea el grupo de sus seguidores: Gente en constante y continua evolución, implicados en los problemas del «mundo», pero sin venderse a la comodidad, al poder, a la violencia o a la desesperanza.