Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DEL 18 DE ENERO


VIERNES


EVANGELIO
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: “¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?”. Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados», o decirle «levántate, toma la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...» Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Se levantó inmediatamente, tomó la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: “Nunca hemos visto una cosa igual”.

COMENTARIO
Marcos nos cuenta que tras el leproso, llega un paralítico en busca de Jesús. Este nuevo enfermo está completamente a merced de las buenas personas que lo trasladan en su camilla. Probablemente son familiares que perseveran en ayudarle. Como escuchamos en el relato, Jesús quiso que la persona total -cuerpo y espíritu- encontrara la salvación. Por eso le anunció al paralítico dos buenas noticias, diversas, pero complementarias: Tus pecado son perdonados, y... toma tu camilla, levántate y anda. 

La acción se desarrolla en «la casa» de Cafarnaún. En este escenario, el texto señala dos tipos de actitudes muy diferenciadas entre sí:

- De un lado están los escribas “sentados”  ocupando un espacio vital de la casa. La inmovilidad de estos escribas y fariseos, obstaculiza la difusión del anuncio de la Palabra e impide al paralítico acercarse a Jesús.
- De otro lado están los que desean ayudar al paralítico. Se mueven, buscan una solución creativa: «llevaron al paralítico, levantaron unas tejas, abrieron un boquete, descolgaron la camilla...» Para que el paralítico pueda acceder a Jesús, rompen el techo de la casa... Jesús, viendo la fe de los portadores, perdona los pecados al paralítico y, ante las críticas de los responsables de la institución religiosa, verifica delante de todos su poder curando al paralítico.

Los escribas y fariseos obstaculizan el acceso a Jesús de quienes tienen fe y quieren acercarse a Él. Muchas veces el anuncio de la Palabra encuentra obstáculos a causa del inmovilismo y anquilosamiento, presente incluso en algunos dirigentes religiosos. En tiempos de Jesús los escribas y fariseos, encargados de transmitir la Palabra, se habían convertido en obstáculos para su comunicación. Y eran un impedimento debido a las múltiples prescripciones y leyes añadidas, que terminaron por cerrar el camino de la fe a la gente sencilla.

El texto de hoy también nos presenta a unos «personajes secundarios», pero muy interesantes. No son ni el paralítico, ni los escribas que acechaban a Jesús: Son aquellas personas anónimas que llevaban la camilla del paralítico. ¡Cuánta constancia, tenacidad y esperanza! Están dispuestos a gastar todo el tiempo que haga falta para facilitar el encuentro de este hombre necesitado con Jesús. Como ven que hay un gentío grande, suben al paralítico al tejado... (no debió serles nada fácil).  Luego quitan losetas del tejado, buscan unas cuerdas... hasta que logran que el enfermo quede delante de Jesús.

El cristiano, con su testimonio, ha de facilitar que los demás se encuentren con Jesús. Muchas veces esos obstáculos provendrán de una sociedad que no deja espacio para Dios. Otras veces los obstáculos estarán en el lenguaje enrevesado de las instituciones religiosas... El seguidor de Jesús está llamado a eliminar aquellos impedimentos que dificultan el encuentro  con el mensaje cristiano, aunque para ello deba «quitar las losetas del tejado» y abrir un boquete en la cerrazón que ignora los parámetros de nuestra cultura

EL EVANGELIO DEL 17 DE ENERO


JUEVES


EVANGELIO
Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Jesús lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que 
conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés».
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado, y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIO
El texto relata la curación de un leproso. El enfermo de la lepra, según la legislación del Antiguo Testamento, se encontraba imposibilitado de participar en la vida de sus semejantes. Se trata de un israelita excluido de la vida de sus compatriotas sanos. Jesús, movido a compasión, se aparta de las prescripciones legales de la ley judía y cura al enfermo, devolviéndole la posibilidad de reintegrarse de forma plena en la vida del pueblo. Cuando las primeras comunidades cristianas presentan los milagros, no ponen el acento en lo maravilloso y sobrenatural, sino en otros elementos teológicos. Los milagros son fundamentalmente «signos» del amor misericordioso de Dios en medio de su pueblo.
Pero permitidme que ponga la mirada sobre la respuesta de Jesús a la afirmación del leproso. Afirma el leproso -"si quieres, puedes limpiarme"-, responde Jesús, -"quiero, queda limpio". He recordado en este diálogo las veces que nosotros acabamos nuestra petición de deseos diciendo la típica frase -"si Dios quiere"-. Siempre me he preguntado, ¿puede Dios "no querer"?, ¿puede Dios ...pudiendo... no querer? ¿Podría yo creer en un Dios que "no quisiera? Por eso, esa expresión...- si Dios quiere-... o su expresión más dubitativa aún  ...-"si Dios quisiera"...-es la más clara expresión de un ateísmo larvado y de un agnosticismo confeso
Dios "quiere y puede". Nos toca a nosotros hacer un ejercicio continuo de lectura atenta la realidad para ir desentrañando, desde ella, el querer de Dios, los signos de Dios en esta historia nuestra, tan ambigua, tan contradictoria en ocasiones. Una historia trabada de gloria y de cruz, ...como Cristo, que fue trenzando su vida con momentos de "gloria y de cruz".


Y ALGUNA CURIOSIDAD
La enfermedad de lepra en tiempos de Jesús
La medicina se ha interesado por la lepra que menciona la Biblia. Tras múltiples investigaciones se ha llegado a la conclusión de que no se trata de la lepra que conocemos actualmente. Los relatos bíblicos se refieren a una enfermedad de la piel que comenzaba con manchas rojas para terminar en escamas blancuzcas. Es lo que actualmente se denomina «psoriasis vulgaris».
No era contagiosa, y al enfermo no se le apartaba porque pudiera contagiar, sino porque esta enfermedad era considerada como una impureza religiosa. Por ello el enfermo, vestido de harapos, con la cabeza descubierta y la cara embozada, debía tocar una campanilla y gritar a todos: ¡Soy impuro! Habitaban en cuevas cercanas a las poblaciones. Curar la lepra era también devolver al individuo marginado su dignidad personal y social. 

EL EVANGELIO DEL 16 DE ENERO


LUNES






EVANGELIO

Al salir Jesús de la sinagoga de Cafarnaún, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. Él les respondió: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”. Así recorrió toda Galilea predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.
Marcos 1, 29-39


COMENTARIO
La enorme lectura simbólica que tienen los textos evangélicos, y que indudablemente arrancan de su anclaje con la historia, nos permite hacer de esta palabra una palabra viva y siempre actuante para el ser humano. El texto que leemos hoy en el que se encuentra, entre otras cosas,  la curación de la suegra de Pedro bien podría valer para revisar nuestras opciones evangelizadoras y pastorales.

La palabra "fiebre"  tiene la misma raíz que "fuego. Y el fuego ha sido siempre un símbolo religioso que nos trae recuerdos de purificación, de conversión. Fuego es el acontecimiento que trae Jesús según el Bautista. El bautismo de fuego era el bautismo esperado por la tradición mesiánica.

Pero Jesús parece que entiende el fuego no como una actitud destructiva y combativa, al estilo de ciertos mesianismos políticos muy arraigados en la cultura judía. El mesianismo de Jesús lo era desde el servicio. De ahí que la curación de la suegra de Pedro acabe con la actitud de servicio de aquella mujer que se puso manos a la obra cuando "se le pasó la fiebre".

Algún autor cristiano ha visto en la curación de la suegra de Pedro, la propia curación de Pedro, de sus delirios de grandeza al frente de la primitiva comunidad cristiana.

Y también nosotros hemos de ser curados de nuestras fiebres de grandeza -porque haberlas las hay-  que, en ocasiones nos hagan delirar con unas opciones evangelizadoras que hagan de nuestro proyecto católico el único verdadero y de nuestra praxis cristiana la única posible. ¿Se nos habrán de pasar también estas fiebres y ponernos , más bien, a servir?

EL EVANGELIO DEL 15 DE ENERO


LUNES

EVANGELIO
Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
“¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: El Santo de Dios”.
Jesús lo increpó:
“Cállate y sal de él”.
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.
Todos se preguntaron estupefactos: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”. Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Marcos 1, 21-28

COMENTARIO
El texto de hoy presenta a Jesús enseñando de palabra y de obra. A la enseñanza que Jesús ha pronunciado en la Sinagoga le sigue la curación de un endemoniado. El texto de hoy proclama que Jesús no sólo anunció el Reino de Dios de palabra, sino que lo hizo efectivo con sus obras. Por ello se admiran de su nueva forma de enseñar con autoridad. Nos encontramos con el primero de los frecuentes enfrentamientos de Jesús con el «demonio», que aparecen en repetidas ocasiones a lo largo de actividad pública rela- tada en el evangelio de Marcos. En el evangelio de Marcos la presencia del «demonio» aparecerá en tres ocasiones: -

 * primeramente, en el afán de poder y éxito de Pedro que quiere desviar a Jesús del camino de su entrega generosa (Mc 8, 31-33);

*en los territorios extranjeros ocupados (Mc 5,1-20; 7,24-30), donde los demonios reciben el mismo nombre que las tropas imperiales romanas de ocupación: Legión (Mc 5, 9);

* finalmente, como aquí, ligado al poder religioso judío que, de la mano de escribas y fariseos, olvidaba la misericordia y despreciaba a pobres, pecadores y excluidos.. A tenor de los textos en los que aparece, difícilmente podemos identificar al «demonio» con un ser real. Se trata de la personificación del mal y de la opresión...

En los tres casos la presencia del «demonio» se halla ligada a la búsqueda del dominio y poder sobre los otros. Resulta paradójico ver como algunos grupos minoritarios de cristianos se preocupan por otorgar carta de presencia física al «demonio», al tiempo que olvidan denunciar las situaciones de dolor, sufrimiento y explotación... en la que se hallan sumergidos cientos de millones de personas y niños.

Según el evangelio de Marcos la presencia del «demonio», se manifiesta en la búsqueda de poder, existente en todos los niveles de la vida social. Allí donde la persona humana domina a los demás, se está rompiendo el deseo y el amor de Dios, que nos quiere iguales, libres y solidarios.

La única forma de expulsar a los «demonios» es mostrar, -como hizo Jesús-, un nuevo tipo de autoridad, y una nueva forma de relación interpersonal en la que la entrega, la acogida, la misericordia... están por encima del dominio.

El cristiano tiene en sus manos la posibilidad de alejar a los «demonios» del poder. ¿Cómo? Construyendo un tipo de autoridad basada en el respeto, la acogida, la ayuda incondicional a quienes tienen menos posibilidades de triunfar... ayudando a los más necesitados a salir de la exclusión en la que se ven arrojados... mirándoles de forma positiva. Cuando el cristiano pone en juego todos estos valores, está revistiéndose de la «autoridad» que tuvo Jesús para expulsar a los demonios del poder.