Parroquias de Alcadozo y Liétor

JUEVES DE LA SEMANA 31 DEL TIEMPO ORDINARIO. 7 DE NOVIEMBRE




Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido». Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido». Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.


Lucas 15, 1-10

COMENTARIO

El capítulo 15 de san Lucas ha sido llamado "el corazón del evangelio". Nos transmite unas parábolas muy características: las de la misericordia. Hoy leemos la de la oveja descarriada y la de la moneda perdida. La parábola de la «oveja perdida» es un clásico de la literatura judía. La imagen del Buen Pastor fue utilizada para definir a los grandes personajes del pueblo de Israel: Abraham, Abel, Jacob, José, Moisés, David...


El profeta Ezequiel definió a Yahvé como el Buen Pastor, que realizaría en favor de su pueblo las siguientes acciones: Hallar a las ovejas perdidas, recoger a las descarriadas. Vendar a las heridas, curar a las enfermas. Congregar al rebaño, librarle de oscuridad. Apacentar en jugosos pastizales. Ayudar a las ovejas flacas y débiles. Ahuyentar a los animales dañinos. Ofrecer lugares seguros. Liberar de la opresión y el yugo...
Jesús dice claramente a los fariseos y publicanos que la actitud de Dios con pecadores y sencillos es de misericordia total.

Para comprender la parábola de la «moneda perdida», hay que conocer algo de las costumbres judías de la época. La idea central es similar a la de la «oveja perdida» Las mujeres de Palestina se colocaban un tocado en la cabeza que estaba cubierto de monedas. Se trataba de un pañuelo de boda, que contenía una serie de monedas adheridas y que, en caso de necesidad, eran arrancadas y utilizadas para sobrevivir. Las monedas puestas solían ser de oro. Equivaldrían a esas pocas joyas que tiene una mujer de nuestros días y que, en caso de apuro económico, intentará vender para sostener y ayudar a la familia, pero sólo en caso de mucha necesidad.
La mujer a la que alude la parábola era una mujer muy pobre, tan sólo tiene 10 monedas. En estos tocados solían ir adheridas más de 100 monedas.

La lección de este evangelio se orienta hacia nuestra actitud para con los demás. Sería una pena que estuviéramos retratados en los fariseos que murmuran por el perdón que Dios da a los pecadores, o en la figura del hermano mayor del hijo pródigo que no quería participar en la fiesta que el padre organizó por la vuelta del hermano pequeño. ¿Tenemos corazón mezquino o corazón de buen pastor?

Jesús narró estas parábolas para que aprendamos a imitar la actitud de ese Dios que busca a los que han fallado, que les hace fácil el camino de vuelta, que les acoge, que se alegra y hace fiesta cuando se convierten. ¿Acogemos nosotros así a los demás cuando han fallado y se arrepienten? ¿qué cara les ponemos? ¿quisiéramos que recibieran un castigo ejemplar? ¿les echamos en cara su fallo una y otra vez? ¿les damos margen para la rehabilitación, como Jesús a Pedro después de su grave fallo? Si somos tolerantes y sabemos perdonar con elegancia, entonces nos podemos llamar discípulos de Jesús


SÓLO 1 SEGUNDO, 6 DE NOVIEMBRE


SÓLO 1 SEGUNDO
(de lo que leo)


"...A decir verdad, más que los cuadros, me importan sus espectadores: no es que no me interese el ser humano en general, sino que me apasiona sobre todo el ser humano en su condición de espectador. Así las cosas, el mismo hombre que tanto logra fascinarme cuando visita el museo deja de suscitar mi interés en cuanto lo abandona.

Lo que realmente me atrae -ahora lo se- es ver a los hombres bajo el influjo de las obras de arte: en ese instante, como también -aunque de otra forma- cuando están bajo los efectos del enamoramiento o de la oración, hay en todo individuo algo que lo hace único y conmovedor"


(P. D'Ors, El estupor y la maravilla, Valencia, 2007, p.194-195)

SÓLO 1 MINUTO, 6 DE NOVIEMBRE


El espejo
Solea el sol y se lleva los restos de sombra que ha dejado la noche. Los carros de caballos recogen, puerta por puerta, la basura. En el aire tiende la araña sus hilos de baba.

El Tornillo camina las calles de Melo. En el pueblo lo tienen por loco. EL lleva un espejo en la mano y se mira con el ceño fruncido. No quita los ojos del espejo.
—¿Qué haces, Tornillo?
—Aquí —dice—. Controlando al enemigo