Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DEL MARTES

MARTES, 4 DE MARZO


VIII SEMANA



EVANGELIO
En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros»
Mc 10, 28-31 

COMENTARIO

No me imagino yo a Jesús pronunciando estas palabras y soportando la "salida de tono" de Pedro poniéndose de ejemplo de generosidad. Tengo la sensación de que la comunidad de Marcos, desde luego inspirados por la memoria de Jesús, y a sabiendas del resultado incierto que estaba teniendo la predicación de su mensaje tras el acontecimiento de la cruz, intenta darse a sí misma un golpe de ánimo para vivir la entusiasmante tarea del maestro con ánimo.

Esta lección cuesta encajarla en nuestro momento cultural. En el fondo, cuesta asumir que realmente, a mayor fidelidad evangélica, menor lugar en la escala de influencia social. Esto de que muchos últimos serán primeros esta bien como utopía literaria del reino, pero en cuanto institucionalmente nos "tocan" un peldaño, reclamamos con ahínco lo que creemos "merecer".

¿Dónde queda la dicha de ser últimos porque sólo desde ahí experimentaremos la agridulce memoria del Galileo?
Agradecemos el comentario a Mara Diego Andrés

EVANGELII GAUDIUM




En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas.

Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios «son poquísimos».

Citando a san Agustín, advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles» y convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando « la misericordia de Dios quiso que fuera libre ».

Esta advertencia, hecha varios siglos atrás, tiene una tremenda actualidad. Debería ser uno de los criterios a considerar a la hora de pensar una reforma de la Iglesia y de su predicación que permita realmente llegar a todos.


FranciscoEvangelii gaudium, n.43


SÓLO 1 MINUTO

ASUSTADOS


Una noche Nasrudin caminaba en solitario por una calle.


De repente se dio cuenta de que unos cuantos hombres a caballo se dirigían hacia él.

Su mente comenzó a trabajar. Pensó que podían ser asaltantes, que podían matarle. O que podían ser soldados del rey y que podían llevárselo para que prestara el servicio militar o cualquier otra cosa mala. Se asustó y cuando los hombres y el ruido de sus caballos se acercaron, se puso a correr y entró a toda prisa en un cementerio. Para esconderse se tumbó rapidamente en una fosa abierta.

Los jinetes – que eran simples viajantes – se sorprendieron al ver a aquel hombre corriendo. Siguieron Nasrudin y se acercaron a la tumba en que estaba. Él estaba allí con los ojos cerrados como si estuviera muerto.

Los hombres le dijeron:
- ¿Qué te sucede?
- ¿Por qué te has asustado tanto de repente?
- ¿Qué pasa?

Entonces Mulla Nasrudin se dio cuenta de que se había asustado a sí mismo sin motivo.

Abrió sus ojos y dijo:
- Es algo muy complejo, muy complicado.

- Si insistís en preguntarme porqué estoy aquí, os lo diré.

- Estoy aquí por vuestra culpa y vosotros estáis aquí por la mía.