Parroquias de Alcadozo y Liétor

CUARESMA




EN COLABORACIÓN CON EL OBJETIVO DE HELLÍN Y CADENA COPE
Si no existiera la Cuaresma, desde luego, habría que inventarla. Como los reyes magos, viene cargada de regalos interesantes e incluso, más allá del dicho tradicional,  en este tiempo lo amargo parece saber a dulce.

No tienen la sensación de que en Cuaresma todo disminuye. Disminuye el invierno que deviene ya primavera. Por las noches refresca, pero se lleva mejor y los rescoldos gélidos los encajamos con mejor talante.

Disminuyen nuestras quejas institucionales como Iglesia. La liturgia, los vía crucis, las misas de hermandad,… todo eso nos fortalece a la hora de encajar la cruz, la incomprensión y los desaguisados que durante todo el año tenemos, pero que, en cuaresma, es como si su digestión fuera más espiritual.

Qué decir de San José, que siempre ronda la Cuaresma. Su silencio providente en los evangelios nos invita a callar cuando todo parece  que se nos vuelve en contra. Y ahí el silencio no es humillación, sino virtud.

La secularización de la que tan amargamente nos quejamos en otros momentos del año, parece que en estos cuarentas días no existe. Y así, casi nadie discute las procesiones por la calle, aunque desde el punto de vista sociológico no dejen de ser sino una manifiesta muestra de nuestra identidad católica, que en otras ocasiones resulta molesta.

Más aún si a algún católico despistado, invirtiendo los papeles, osara cuestionarlas, probablemente el agnóstico más recalcitrante diría que ¡cómo vamos a renunciar a este acervo cultural que son las procesiones!

Lo dicho, la cuaresma, un tiempo que si no existiera, debería inventarse. Aunque solo sea por cuarenta días, parece que recobramos el sentido común.
¿O me lo hace a mí la vista?

SÓLO 1 SEGUNDO, MARTES


SÓLO 1 SEGUNDO


"No es por la manera en que un hombre habla de Dios, sino por la manera en que habla de las cosas terrenales, como mejor se puede discernir si su alma ha pasado por el fuego del amor de Dios. Ahí ningún disimulo es posible..."

SIMONE WEIL


EL EVANGELIO DE HOY, 2º DOMINGO DE CUARESMA







EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumarse en Jerusalén.
Pedro y sus acompañantes se caían de sueño, y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
Lucas 9, 28b-36

COMENTARIO
Los tres evangelios sinópticos (Lucas, Marcos y Mateo) se hacen eco de este relato de difícil datación geográfica y temporal. Los tres evangelistas muestran un cierto interés en aportar datos concretos acerca de una montaña y el tiempo en el que ocurre este extraño evento...

Tanto el lugar (una montaña) como el color de los vestidos (blanco intenso) como la nube, la voz, y los personajes (Elías y Moisés)... indican que nos hallamos ante un estilo literario propio de la Biblia que recibe el nombre de «teofanía». Es decir, una manifestación de Dios.

La Transfiguración no fue necesariamente un hecho histórico en el sentido estricto de la palabra. Teológicamente hay que fijarse en la relación entre los tres personajes que aparecen: Moisés, Elías y Jesús. El relato les pone juntos. Jesús es equiparado a los grandes personajes del Antiguo Testamento. Sin embargo se subraya la sustancial diferencia existente entre ellos. Tanto Elías como Moisés quedan en un segundo plano ante la afirmación de que es Jesús «el hijo de Dios», que traducido a nuestro lenguaje se podría expresar: Todo el amor de Dios se ha hecho presente en la sencilla persona de Jesús de Nazareth.

La interpretación simbólica de este relato no ha impedido a muchos cristianos identificar esta montaña con el monte Tabor (558 mts), desde el que se domina una magnífica vista a la llanura de Yizreel. Sobre su cima se construyeron diversas ermitas y basílicas a lo largo de la historia.

Los evangelistas quieren aportar un mensaje a las primeras comunidades cristianas: Así como el Dios eterno se ha hecho presente en la sencillez de Jesús de Nazareth, la vida y situaciones ordinarias pueden estar cargadas de una gran profundidad. El creyente es una persona que profundiza la reali- dad ordinaria y le da un sentido nuevo.

Es necesario que como cristianos trascendamos la superficie de las cosas y captemos su sentido profundo. La fe es la que opera esa “transfiguración”. La vida cotidiana, tantas veces roma y sin relieve, rutinaria o hasta decepcionante, se “transfigura” por la fe, mostrándonos sus riquezas de sentido, su trasfondo de dimensiones divinas...