Parroquias de Alcadozo y Liétor

"ID A DECIRLE A ESE ZORRO"


Jesús va camino de Jerusalén. Seguramente que se trata de la peregrinación anual que los judíos de Palestina realizaban al Templo de la capital. Jesús sabe que su fama ha crecido y que comienza a hacerse insoportable la presión que ejercen sobre él los poderosos, entre ellos el rey Herodes Antipas..


Las intenciones de Herodes son claras, las de estos fariseos también: de una u otra manera, se lo quieren quitar de encima, porque les estorba. Los fariseos le proponen que desista de sus planes.

Pero Jesús no se deja intimidar por los poderosos. La respuesta de Jesús es contundente: «Id a decirle a ese "zorro": Seguiré expulsando demonios y curando...»

En el argot arameo, "zorro" tiene un doble sentido: el de animal astuto y el de insignificante, en oposición a "león". En el contexto de hoy parece ser que Jesús consideraba a Herodes como persona insignificante y bulliciosa que no merece respeto.

Herodes era un rey intrigante y chivato, supersticioso, vendido al emperador romano y asustadizo al mismo tiempo... se creía el amo del mundo. Jesús responde que para él es un hombre insignificante.

Jesús, en medio de las dificultades seguirá liberando a la gente de toda clase de ideologías contrarias al plan de Dios ("expulsando demonios") y de toda clase de taras morales y físicas que le impiden seguirlo con libertad y dignidad humana ("curando"), al tiempo que llevará a término su propósito ("habré acabado"). Jesús alcanza la perfección humana entregando su vida.

La función liberadora de Jesús no se deja intimidar por las presiones políticas ("Herodes") o religiosas ("fariseos") de los poderosos.

EL EVANGELIO DE HOY, 29 DE OCTUBRE.

MIÉRCOLES DE LA SEMANA XXX

EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois." Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas." Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados." Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Lucas   13, 23-30
COMENTARIO

Un texto provocador el de hoy, excesivamente provocador. La puerta estrecha de las ciudades judías eran “puertas de servicio”. La puerta grande se cerraba por las noches para que el enemigo con sus carros y caballos no pudiera pasar. Se habilitaba una puerta estrecha para aquel que llegara tarde y no en buenas condiciones: esto de no llegar en buenas condiciones a altas horas de la noche debe ser que siempre ha existido, también en las más nobles culturas y en las más estilados religiones.


Lo provocador del texto es que el reto está en entrar  a la ciudad, al reino de Dios, por la “puerta estrecha”. No me digáis que no es descaro el de Jesús. Es como si para ser ciudadano del Reino la “puerta grande” no sirviera porque lleva a la perdición. Es decir, que para Jesús, llegar en condiciones y a tiempo no es garantía de pertenencia al reino de Dios. ¡Toma ya!



Se debieron quedar tiesos los judíos “de orden” de aquel tiempo, incluidos fariseos, saduceos, y demás. Evidentemente, por la puerta estrecha pasarían a diario todo el ejército de personas de las que se rodeaba Jesús: pobres pecadores, enfermos, prostitutas, en fin.. a lo que nos tiene acostumbrados el Maestro de Galilea.


Como siempre, la dificultad del texto está en el riesgo de su interpretación para nuestro contexto cultural actual. No me atrevo ni a ponerlo. Pero tengo la sensación de que yo mismo (por poner un ejemplo) me quedaría fuera quizás porque tenga muy creído que llego en condiciones y a tiempo. Está claro que cuando uno intenta pasar por la puerta estrecha con todo ese equipaje, no cabe. Algo así como pasa en los aeropuertos cuando tu equipaje de mano no cabe en los moldes de medida de la cola de embarque, y no tienes más remedio que “facturar aparte”, con la sorpresa de que paga más el billete de tu equipaje que tu mismo billete. ¡Qué cosas, en ocasiones pagas más por tu equipaje que por ti mismo!

No estaría mal que hoy, los que nos consideramos “en condiciones” en nuestra Iglesia o en “mejores condiciones” al menos que otros, dedicáramos un espacio de nuestra oración a pensar y sentir por las condiciones alternativas que, en la "ilógica" del evangelio dan acceso al Reino. No sea que tanto plan, tanto proyecto, tanto cauce institucional, tanta mediación comunitaria, tanta ortodoxia teológica, tanto catecismo enciclopédico, tanto técnico sin alma ( o con alma acostumbrada y un poquito indolora), tanto tanto, tanto… al final nos haga pagar una factura por el exceso de nuestro equipaje. Y nos quedemos fuera del vuelo.

Moraleja: a veces la puntualidad puede hacer que te quedes fuera. Fíjate por donde por ahí, los que pecamos de impuntualidad empedernida, tendremos ventaja.

PD: Un comentario más técnico sobre la crítica que hace el propio Jesús en este texto a la presunta elección del pueblo judío por parte de su dios, frente a los pueblos paganos, puedes encontrarlo aquí.