Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DE HOY, 3 DE NOVIEMBRE

LUNES DE LA SEMANA XXXI

EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a uno de los principales fariseos que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Lucas   14, 12-14
COMENTARIO


Os recomiendo el comentario que os sugiero al final de éste. Es muy corto pero muy preciso a la hora de valorar el sentido de las comidas de Jesús.


Con quién comes hoy o con quién dejas de comer no se si es signo de la visibilización social que tienes. Si es así casi tendría que dejar de escribir porque yo salgo poco y raramente como fuera de mi casa. Aunque hay dos hechos que me llaman la atención en esto de las comidas sociales. Veamos.


Primero: dada mi experiencia en bodas ajenas, he podido comprobar cómo los novios se las ven y se las desean para “colocar” a sus comensales en los banquetes al efecto. Una mesa mal “compuesta” puede echar por tierra lo apetecible y estiloso del menú elegido. Conclusión: las mesas de los banquetes de boda no son espacios privilegiados para la reconciliación.


Segundo: cuando vas de cena con amigos y conocidos. Es curioso ver como llegando a la mesa comienza toda una estrategia de miradas, toses, y aproximaciones táctiles sobre las sillas con el objetivo de “caer” en el buen sitio, donde al parecer el “buen rollo” estará asegurado y al lado de quienes van a llevar la “voz cantante” de la degustación. Conclusión: si caes en la parte opuesta del buen rollo considérate “lisiado cojo y ciego” de los de hoy porque no eres digno del eventual anfitrión de turno.


Me permito extraer dos conclusiones finales y una recomendación. En nuestros días, las comidas pueden ser reflejo de nuestra sociedad. Una sociedad que está preparada para convertirse en una afirmación del “yo” (probablemente legítima, aunque discutible); de un “yo” que cada vez se entiende menos como “nosotros” y que, en cualquier caso, ha renunciado a hacer de la vida una continua experiencia de reconciliación. Con la excusa de convivir con otros, quiero dejar claro que estoy “frente a ti” y que soy “mejor que tu”.


En segundo lugar, hay una forma de comer en sociedad (es decir, hay una forma de vivir) que, lejos de ser experiencia de acogida y donación y de gratuidad, se convierte en un estresante medidor de liderazgos; y tengo para mi que los “lisiados, cojos y ciegos reales de hoy” acaban optando por comer en su casa donde, de verdad, se sienten acogidos.

Y la recomendación: cuidado con la Mesa del Banquete, la Eucaristía me refiero. Absurdo es reservar sitios, absurdo es enfadarse porque “me han quitado mi sitio”, absurdo convertirse en juez de quien come o deja de comer. ¿Es que no hemos aprendido aún que esa mesa es sobre todo de los que tiene dificultades para llegar (lisiados, cojos y ciegos), más que de aquellos orgullosos de tener  su sitio seguro (amigos, hermanos y parientes ricos)?



PD: Como complemente riguroso al comentario de hoy os sugiero esta acertada perspectiva sobre el valor teológico, existencial y reconciliador de las comidas de Jesús. Podéis leerlo aquí.


COMIDA Y TEOLOGÍA EN EL EVANGELIO DE LUCAS



Jesús es un experto en comidas, aunque pocas veces lo hayamos contemplado desde esta perspectiva. Dirigiéndose al anfitrión, le dice que a los banquetes no hay que invitar a los amigos, a los hermanos, a los parientes o a los vecinos sino a los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos.

El contraste no puede ser más llamativo. Las cuatro primeras categorías sociales siempre pueden devolver la invitación. Las cuatro últimas no tienen ninguna posibilidad.Tras la apariencia de una norma referida al protocolo a observar en los banquetes, el evangelio de Lucas está dando una enseñanza a las primeras comunidades de cristianos

Los fariseos y escribas tenían prohibida la entrada en el Templo de Jerusalén a los ciegos, cojos, lisiados... por considerar que sus minusvalías físicas profanaban la santidad del Templo de Yahvé. En una sociedad teocrática, marcada por una religión de corte fundamentalista, los enfermos y lisiados estaban excluidos no sólo de la vida social, sino también de la religiosa.

El texto de Lucas está diciendo a las primeras comunidades cristianas: Cuando os reunáis en mi nombre para celebrar el banquete de la Eucaristía, invitad a los pobres y sencillos. Permaneced abiertos a todos, porque todos están cerca del corazón de Dios. Practicad la humildad y la sencillez. Evitad el elitismo y haced de la Iglesia un lugar de amplia convocatoria.

Jesús hizo de la comida un lugar de encuentro y de buena nueva. Hay toda una cristología implícita en sus citas gastronómicas. Jesús aparece comiendo en la casa de Leví, en la del fariseo Simón, en la de Marta y María, en la de Zaqueo. Cada comida es una enseñanza.

Cuando Jesús se sienta a la mesa con alguien le está diciendo sin retóricas: Estoy a tu nivel, te acepto, me gusta estar aquí, no me importa lo que piensen de ti, este no es un tiempo perdido, comer contigo es vivir un poco más, Dios te quiere, asumo y escucho tus palabras. Comer junto a aquellos que no pueden devolvernos la invitación es introducir una dosis de Reino en este mundo nuestro tan saturado de intereses...