Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DE HOY, 1 DE DICIEMBRE

LUNES DE LA SEMANA I DE ADVIENTO
EVANGELIO
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.»
Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo.»
Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y m¡ criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.»

Mateo   8, 5-11
COMENTARIO

He de deciros que San Lucas me ha dejado resacoso "bíblicamente hablando". La tensión (violencia) del final de su evangelio, contrasta con el "parsimonioso" y soso Mateo que empezamos hoy. Paciencia.


Con la fe puede pasarnos como con la cebolla, que buscándola tanto, desaparezca y sus restos en nada se parezcan a lo que deseábamos. Hay cosas que no tiene “centro”: o son o no lo son. Preguntarse por el “sentido de la fe” es tan tortuoso como cuestionarse el sentido que tiene dar un beso antes de darlo. No digo yo que no pueda pensarse, pero acabas antes dándolo, te apasionas o te desengañas y punto. Luego ya teorizas todo lo que quieras. Pero ciertos aspectos de la vida requieren de una práctica previa a la teoría. La fe, como el beso, primero se siente, se experimenta, y luego se piensa. Lo contrario nos convierte en filósofos de gabinete a quienes lo que menos les interesa es la vida que tienen delante.


En el evangelio de hoy, el diálogo es corto y claro. No hay raciocinio; simplemente petición y respuesta, conciencia de los límites y decisión. El centurión sabe que no es judío, de ahí la conciencia de su indignidad, pero tal indignidad no es dificultad para la sanación de uno de los suyos. Más allá de las periferias doctrinales entre judíos o gentiles, creyentes o agnósticos, progresistas o conservadores, el centurión se sabe necesitado y encuentra en Jesús alguien que le puede ayudar. ¿Por qué? Quizás porque Jesús se había hecho de fiar más allá de los credos y ortodoxias de turno. Y es que al final lo que importa es la vida, no la doctrina (Primum vivere, deinde philosophari - Primero vivir y luego filosofar).

La experiencia de la fe originariamente se nutre de algo tan sencillo como encajar y encajarte en la vida. De ahí la palabra central de esta primera semana de adviento; mirad, vigilad, estad atentos, que no te pasa nada desapercibido. La fe, como actitud, requiere de atención, decisión y pasión.

Es verdad, hay dos maneras de estar atentos a la realidad, como buitres carroñeros, para aprovecharse de las vidas frágiles y rematarlas, o como niños que todo lo miran y todo lo tocan cuando comienzan a conocer su entorno y a situarse en el.

Por eso, una pregunta para hoy:

¿Cuáles son las actitudes que definen mi atención a la realidad: las del buitre o las del niño?


Os sugiero también hoy el comentario más técnico de Jose María Castillo donde la fe aparece como un valor, y la religión como una "estructura" de liberación . Podéis leerlo aquí.Y también pulsando en este punto rojo de más abajo.
http://iglesiadepozohondo.blogspot.com.es/2014/11/espectaculo-espectadores-o-simplemente.html

MILITARES, EMPERADORES Y DIOSES


Este relato es de los más elocuentes que hay en los evangelios, para hacerse una idea de lo que representaba la fe para Jesús. Viene a él un centurión romano. Era, pues, un cargo militar importante (responsable de cien legionarios de las fuerzas de ocupación que había en Palestina, dominada por Roma en aquel tiempo), que, como todos los militares de entonces, tenía que hacer un juramento de fidelidad al Emperador al que, en aquellos años, se veneraba como un "dios". Tal como nosotros entendemos la fe y la religión, aquel militar tenía una fe desviada. Diríamos que tenía una fe falsa, pagana, incluso herética. Pues bien, lo que impresiona en este relato es el juicio que Jesús hace de la fe de este militar. ¿Por qué?

 
Aquel militar "de estrellas", o sea un hombre que tenía un cargo importante, tenía además "un siervo" que estaba enfermo, que sufría mucho y (según parece) estaba en peligro de muerte. Sin duda alguna, aquel centurión era un hombre bueno. Profundamente bueno. Porque no podía soportar ver a un siervo de su mansión sufriendo tanto y amenazado de muerte. Y eso era para él lo más importante en la vida. Es decir, lo más importante no era la religión de la fidelidad al emperador, sino la fuerza de la bondad ante el sufrimiento de un siervo. Y esto es lo que llevó a aquel hombre importante a buscar a Jesús, a suplicarle a Jesús, a fiarse de Jesús y poner en Jesús su esperanza. En esto está la clave de explicación de este relato genial.

 
Porque esta actitud de bondad del centurión produjo en Jesús una profunda admiración. Jesús se "quedó admirado". Nunca había visto tanta humanidad y tanta bondad en las personas más religiosas de su propio pueblo. Y es que, a juicio de Jesús, lo decisivo no es la religión a la que uno pertenece, sino la sensibilidad ante el sufrimiento, el empeño por remediarlo, y la confianza en Jesús que puede darle solución. Jesús nunca antepuso las ideas a las personas. Ni siquiera las ideas religiosas fueron lo primero para él. Lo primero, para Jesús, fue siempre el comportamiento ético, la bondad de las personas, la sensibilidad que los humanos tenemos ante el dolor ajeno. Esto era la fe, para Jesús: "Nunca he encontrado en nadie tanta fe". Esto es lo decisivo para el Evangelio. Y en esto estuvo la "revolución religiosa" que puso en marcha Jesús.