Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL SANTO DEL 20 DE DICIEMBRE

SANTO DOMINGO DE SILOS


Santo Domingo de Silos, San Liberato, los Santos Eugenio y Macario y San Ursicino

Y destacamos de ellos a:

Santo Domingo de Silos
Nace alboreando el siglo XI en Cañas, cerca de Nájera. Entra en el antiguo y observante cenobio de San Millán de la Cogolla, tomando el hábito negro de San Benito Los monjes de San Millán vuelven los ojos a él y le piden sea su prior.

El rey don García de Navarra, le pide los tesoros del cenobio;  Pone cara al rey y defiende lo que es patrimonio de su casa y de su iglesia. Esta actitud le valió el destierro voluntario a las tierras de Castilla donde reina el hermano de don García. El bondadoso rey Fernando, le encomienda poner en pie el monasterio —por entonces en ruinas— de San Sebastián de Silos.

Llegan más y más gentes al calor del monasterio, convirtiéndose lods alrededores del pueblo en un foco de economiía y trabajo, también suenan las campanas que llaman a Vísperas, a Misa y a los rezos.

De ahí la importancia del canto Gregoriano de los actuales monjes de Silos.

Son muy curiosos los milagros, te cuento uno

Se conoce que un criado llamado Juan tenía bien cuidada la huerta del monasterio: era de buenos puerros . De puerros y algo más, pues despertó la codicia de algunos ladrones, que una noche penetraron en la huerta para hacer acopio y marcharse. 

Pero su intento se vió defraudado por extraña manera. Empujados por fuerza misteriosa, en vez de arrancar las hortalizas se ponen a cavar en un barbecho y, sin darse cuenta, prosiguen afanosos su trabajo en tan ruda tarea hasta el amanecer. 

Entonces el Santo llama al mayordomo, sonríe misteriosamente y le manda preparar suculento almuerzo para algunos obreros. Él, entretanto, se dirige a la huerta, donde aquellos hombres continúan aún en su tarea. 

-Vaya -Ies dice-, ya habéis trabajado bastante ; Dios os lo premiará. Venid conmigo, que tenéis preparada la comida. Ellos, avergonzados, siguieron al Santo, que, sonriente y cortés, los llevó al refectorio, donde desayunaron. Únicamente, al entregarles el jornal por su trabajo, les dijo suavemente: Amigos, os perdono la mala intención.

Santo Domingo puso en crisis el refrán que dice:

"Se cree el ladron, que todos son de su condición"

EL EVANGELIO DE HOY, 19 DE DICIEMBRE

VIERNES DE LA SEMANA III DE ADVIENTO

EVANGELIO
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»
Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»
El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»

Lucas   1, 5-25
COMENTARIO


«¿Cómo estaré seguro de eso?, pregunta Zacarías al ángel de Dios.
De metedura de pata de Zacarías podemos hablar esta mañana. La liturgia de estos tres días es genial: entre el sueño de José de ayer (perdón por mi ausencia) y la escucha despierta de María de mañana, aparece la pregunta inquietante de Zacarías: ¿Cómo estaré seguro de eso?.

En broma, bien podríamos decirle a Zacarías: ¡pero hombre Zacarías!, ¿no te das cuenta de que estás desentonando. Aunque en su defensa hay que decir que lo normal en la vida es desentonar, es decir, no estar siempre a la altura de las circunstancias, entre otras cosas, porque siempre podemos mejorar y crecer. ¡Tranquilo Zacarías!

Efectivamente, el sueño de José de ayer quizás pueda significar que una buena actitud para que la esperanza mueva la vida sea esa, el sueño, es decir, la pérdida de conciencia de nuestros continuos prejuicios, el levantarte al menos un día a la semana con la sensación de que “nadie va a ir a por ti” y que merece dar un margen de confianza a lo que la vida y las personas con las que te encuentres te van a aportar ese día.

Y el problemón lo tiene la actitud de Zacarías. El gran problema de la experiencia de fe es obsesionarse con la “seguridad”. Buscar “seguridades en la fe es cómo buscar hielo en agua hirviendo. Estamos hablando  de estados distintos. El fin de la confianza no es la seguridad porque la seguridad excluye la confianza. Zacarías se queda mudo después de pronunciar esa frase porque es consciente que la "palabra", ese puente que nos une a los demás, se nutre de confianza. Donde hay palabra dada, ha de haber confianza. Y donde no hay confianza, no hay palabra.

Mal hacemos “fabricando” una religión que nos “asegure” en la vida. Entre otras cosas, porque si la vida es “segura” nos perderemos la belleza del salto y el placer del vuelo.

PD: Desde el punto de vista científico, ignoro si es posible encontrar hielo en agua hirviendo (¡vete tu a saber!, la ciencia está tan toca que …). Admito correcciones. Nunca es tarde para aprender.  


Zacarías es un personaje de los llamados "transitivos" en el pensamiento bíblico, en el sentido de que, aunque sea conflictivamente, nos abre el camino para enteder la novedad del evangelio de Jesús.  Aquí puedes encontrar algo sobre su significación teológica  pulsando en este punto rojo de más abajo.
http://iglesiadepozohondo.blogspot.com.es/2014/11/espectaculo-espectadores-o-simplemente.html