Parroquias de Alcadozo y Liétor

EL EVANGELIO DE HOY, 21 DE FEBRERO


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
–«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
–«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
–«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos

Mateo   9, 2-10
COMENTARIO


No se a cuento de que pero hace poco escribía yo algo en relación con lo que cada uno de nosotros tenemos de "persona" y de "personaje". Efectivamente todos tenemos algo de "persona", suele responder a lo más auténtico de nosotros mismos que puede ser bueno o malo (es lo que hay), pero que no hacemos el intento de disimularlo entre otras cosas porque no podemos.

Pero todos tenemos algo de "personaje", es decir, todos nos fabricamos una imagen que intentamos "vender" lo mejor que podemos. Esto no es bueno  ni es malo; en el fondo es un juego de misterio y revelación que le da encanto a la vida. ¡Qué seria una casa vieja sin la sospecha de que su interior alberga un fantasma!, aunque sabemos que no, que fantasmas no hay.   

Misterio y revelación; anhelo y realidad; personaje y persona; todo esto da un cierto encanto a la vida.

Cuando uno se acerca a Jesús de Nazaret, descubre que todo él es misterio (porque es asombroso que alguien sólo humano pueda ser así de bueno) y revelación (porque es envidiable que sea una persona sin doblez, sin mentira, sin engaño, sin disimulo). En Jesús persona y personaje siempre coinciden. Por eso los primeros cristianos, no acostumbrados a esa revelación, vieron en él al hombre nuevo, a la persona definitiva, es decir "al ser humano como Dios manda". Así lo definió aquel que decía de Jesús que, "tan humano, solo puede serlo Dios". 

Jesús es el hombre que siempre se deja ver. No oculta nada ni se oculta de nada. Eso es la Transfiguración. Jesús siempre deja ver tras de si el rostro de Dios. Los primeros cristianos sintieron que si Dios es Alguien, ése es Jesús. Dios ama del modo que lo hace Jesús; Dios perdona del modo que perdona Jesús; Dios siente del modo que siente Jesús. Jesus transfigura a Dios. Y una vida vivida así, siempre es una vida con sentido, apasionada.

No se si han visto una película, malísima por cierto, que se titula "El hombre sin sombra" (una versión más del famoso hombre invisible). Pues bien, hay un momento de esta película en la que el protagonista pronuncia una frase muy acertada: "es increíble lo que puedes hacer cuando no tienes que mirarte más en el espejo". Yo añadiría, es increíble y es triste. Lo peor que le puede pasar a alguien es no aparecer nunca ante los demás como lo que es. Hacer de tu vida un personaje, vivir instalado en la inautenticidad, no dejarte ver, no transfigurarte cada día. Entonces nuestra vida es cínica y nuestra representación social, una mentira.

PD: Si alguien tiene tiempo de un comentario más "técnico" sobre la Transfiguración puede encontrarlo aquí.



El comentario de otros años:

MENSAJE DE LA SEMANA


SÓLO 1 SEGUNDO, VIERNES


"MARCAS"


"El mundo de las marcas ha hecho muchos más que distinguir o prestigiar unos u otros productos. Ha instalado en el espacio social una construcción de valores y narraciones en cuyo interior vivimos, por cuyos espacios transitamos y cuyas ideologías ingerimos"

Vicente Verdú, 
Yo y tú, objetos de lujo, 
Barcelona2011, p.114

SÓLO 1 MINUTO, VIERNES


INTERIOR-EXTERIOR

El sultán estaba desesperado por no encontrar un nuevo recaudador.
– ¿No hay ninguna persona honesta en este país que pueda recaudar los impuestos sin robar dinero? – se lamentó el sultán.
Acto seguido llamó a su consejero más sabio y le explicó el problema.
– Anunciad que buscáis un nuevo recaudador, Alteza – dijo el consejero-
– y dejadme a mí el resto.
Se hizo el anuncio y aquella misma tarde la antecámara del palacio estaba llena de gente. Había hombres gordos con trajes elegantes, hombres delgados con trajes elegantes y un hombre con un traje vulgar y usado. Los hombres de los trajes elegantes se rieron de él.
– El sultán, por supuesto, no va a seleccionar a un pobre como su recaudador – dijeron todos.
Por fin entró el sabio consejero.
– El sultán os verá a todos en seguida – dijo –
– pero tendréis que pasar de uno en uno por el estrecho corredor que lleva a sus aposentos.
El corredor era oscuro y todos tuvieron que ir palpando con sus manos para encontrar el camino. Por fin, todos se reunieron ante el sultán.
– ¿Qué hago ahora? – susurró el sultán.
– Pedid que bailen todos – dijo el hombre sabio.
Al sultán le pareció extraña aquella medida, pero accedió, y todos los hombres empezaron a bailar.
– Nunca en mi vida he visto unos bailarines tan torpes – dijo el sultán –
– Parece que tienen pies de plomo.
Sólo el hombre pobre pudo saltar mientras bailaba.
– Este hombre es vuestro nuevo recaudador – dijo el hombre sabio-
– Llené el corredor de monedas y joyas y él fue el único que no llenó sus bolsillos con las joyas robadas.
El sultán había encontrado un hombre honrado.