Parroquias de Alcadozo y Liétor

VIERNES DE LA VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 29 DE MAYO



EVANGELIO
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre. Vio de lejos una higuera con hojas y se acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
Entonces le dijo: «Nunca jamás coma nadie de ti.» Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no consentía a nadie transportar objetos por el templo.
Y los instruía, diciendo: «¿No está escrito: "Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos" Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos.»
Se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas y, como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su doctrina, buscaban una manera de acabar con él. Cuando atardeció, salieron de la ciudad. A la mañana siguiente, al pasar, vieron la higuera seca de raíz.
Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.»
Jesús contestó: «Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice a este monte: "Quítate de ahí y tirate al mar", no con dudas, sino con fe en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis. Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas.»

Marcos 11,11-26
COMENTARIO


La frescura narrativa de Marcos se hace notar en textos como el de hoy. Simbolismo (la higuera) y narración (el desvalijamiento del templo) se dan la mano, para conseguir un mensaje de claro perfil provocador que no deja indiferente ni al actor ni al lector.

En otro momento lo hemos comentado ya -por eso no insistimos más en esta cuestión- que la higuera es algo más que un árbol en los relatos evangélicos. La higuera es símbolo de la casta “sacerdotal-profesional” del judaísmo. De modo especial representa a los “escribas”, especialistas en interpretar la ley judía, y a todo el organigrama del templo, especializado en el culto a Yahvé.

El texto declara inútil tanto al templo (objeto sagrado) como a los escribas y a los sacerdotes que lo rigen (sujetos sagrados); la razón de la inutilidad es que no dan “fruto” y se dedican a “servir-se” o a “servir” a otros intereses no precisamente sagrados. Mayor dureza, y mayor expresividad creo que no era posible en aquella sociedad del siglo I y ante aquel judaísmo que a ojos de Jesús se había ido haciendo poco a poco estéril.

Nuestra cultura, como la de aquel tiempo, ha hecho gala no pocas veces de eso de que “el fin justifica los medios”. En otros momentos hemos dado cuenta del “concepto” de “daños colaterales”; este concepto es la coartada elegida pada justificar nuestras acciones, en ocasiones dudosas, pero irremediables para la consecución de nuestros fines.

Pues bien, creo que Jesús en este texto nos pone sobre aviso de que, en ocasiones, los medios no justifican los fines; por muy presuntamente santos que sean esos fines. Por eso cuando los “cultos” se pervierten (y podríamos poner muchísimos ejemplos), y los “actores eclesiales” nos olvidamos del testimonio, se actualiza en nosotros esa “tentación” de esterilidad que lanza Jesús sobre el judaísmo de entonces y el cristianismo de hoy.


La solución de Jesús es doble: en primer lugar es “confiar”, es decir “saberse uno con otros, en el Otro” (“tened fe en Dios”); en segundo lugar,  hacer de la vida una continua historia de reconciliación con tantas cosas y con tantas personas (“perdonad lo que tengáis contra otros”). Sólo así el culto es verdaderamente sagrado y la persona auténticamente humana.

EL EVANGELIO DEL 28 DE MAYO


FIESTA DE JESUCRISTO, 
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

EVANGELIO
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»
Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios.»
Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»
Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros.»

Lucas 22, 14-20
COMENTARIO

El jueves después de Pentecostés, es decir hoy, celebramos una Fiesta “rara” en la Iglesia. Por eso la lectura que leemos en la misa no es la que nos tocaría de Marcos, sino una entr(o)-metida de Lucas. La fiesta que celebramos hoy se llama así: Jesucristo, sumo y eterno sacerdote.

Iba a “pasar” de largo ante ella, pero como me consta que muchos leéis varios comentarios me “daba miedo”, porque alguien habría con sana disposición a la corrección. Y con ocasión del que el rio Mundo pasa por Hellín, más o menos, os sugiero una reflexión sobre esta fiesta y lo que significa.

Se introdujo “hace cuatro días” en España, en el año 1973, y prácticamente pasa desapercibida en el calendario normal de los cristianos normales. A no ser que uno se “deje caer” por una misa hoy y el cura de turno esté avispado, ni te enteras del “evento”. Yo confieso que, por negligencia mía, alguna que otra vez me ha pasado desapercibida.

Pero es curioso cómo la historia puede “dar la vuelta” a la realidad. En el Nuevo Testamento la palabra “sacerdote” sólo se emplea para referirse a Cristo (en la Carta a los hebreos –Hb 6-10-) y a “toda” la comunidad creyente (en la Primera Carta de Pedro -1Pe 2,9-).

De ahí el texto que leemos de Lucas y que corresponde a la versión de San Lucas de la Última Cena, donde especialmente aparece Jesús “ejerciendo” de sacerdote, es decir “ofreciendo(se)” al propio Dios. Recordad que hace unos días decíamos en otro comentario que en el fondo “todos somos sacerdotes” , en la medida en que “todos” tenemos la posibilidad de hacer de “toda” la vida una autentica ofrenda.

En este sentido, la Primera Carta de Pedro es muy bonita; en ella aparece San Pedro diciendo que “toda la comunidad creyente” es un “linaje escogido y un sacerdocio real”. Hay una oración preciosa que pronunciaron sobre nosotros el día que nos bautizaron y nos ungieron con crisma que así lo indica: “todos somos sacerdotes a imagen de Cristo Sacerdote”.

Es lógico que no nos acordemos de esa oración –¡éramos tan pequeños!- pero es un “atentado” a la fe que la “figura” del sacerdocio haya quedado relegada a una persona, varón para más señas, que se dedica a “oficiar” cosas sagradas y a “mandar” (en ocasiones con perfil cuasi-democrático) en la comunidad.

Pues no…una fe adulta y unos cristianos maduros tendríamos que “reivindicar” nuestro “común sacerdocio”, y creérnoslo un poco más y, en ocasiones, actuar más decididamente dentro de la comunidad creyente.

El sacerdote de “oficio” (mejor dicho, de “ministerio”) no es más que un “siervo”, al estilo del “esclavo” del evangelio de ayer, cuya mejor misión es “colocarse” en el último lugar como el que sirve.

Toda la comunidad es “sacerdotal”, esto es lo maravilloso, y además sin necesidad de “distinguirse” de los demás con vestimentas de color triste (el negro) o con actitudes de mando trasnochadas (un cierto despotismo sagrado: “todo para el creyente pero sin el creyente”).



EL SANTO DEL 28 DE MAYO

SAN GERMÁN DE PARÍS










Hoy celebran su onomástica quienes tengan por santo a:
Santa Helicónides, San Carauno, San Justo y Santa Ubaldesca

Destacamos a:
San Germán de París

Nació en Autun, en Borgoña, Francia, hijo de un matrimonio de edad madura que no lo quiso mucho.

Hacia el año 530 entra en contacto con Agripin, el obispo de su natal Autun, quien al identificar su santidad, y después de convencerlo con sabios argumentos, lo convence de que acepte ser ordenado sacerdote.

Su carisma y su humildad son apreciados por los gobernantes y las autoridades de la Iglesia, y San Germán pasa por un prolongado pero continuo ascenso.

Hacia la misma época, el rey Childeberto I lo nombra capellán real..

Una de sus principales preocupaciones fue el trato a los prisioneros y a los cautivos, y aprovechó su cercanía con el monarca para abogar por que recibieran un trato digno.

A San Germán de París se le atribuyen numerosos milagros en vida, como lo fue una multiplicación de panes al escasear el alimento, cuando él estaba a cargo de la abadía de San Sinforiano, o bien apagar un incendio con un solo vaso de agua bendita.

La tradición cuenta que un día él profetizó que su muerte ocurriría un día 28 de mayo.



Lo del agua bendita , no me digáis que no es curioso.  Hay que ver los incendios que habían antes y la facilidad para apagarlos.  Con razón dijo J. P. Sartre que:

No hay necesidad de fuego, el infierno son los otros